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Mi pequeña maestra

Siempre quise ser madre. Jugaba devotamente con todas mis muñecas cuando era niña, las vestía, las mudaba y les daba de comer. Me pasaba el día así y era feliz. Luego crecí y entré en el círculo de exigencia que suele rodear a los adolescentes en la educación media, donde la prioridad 'debe ser tu carrera 'y 'asegurar' tu futuro. Siempre fui buena alumna, y logré entrar a estudiar odontología a una universidad tradicional. En ese entonces mi enfoque estaba 100% en cumplir y sacar la carrera, a toda costa con todo el esfuerzo, físico, mental y emocional que conllevaba. Y lo logré con honores.

Me titulé el 2016 y comencé a ejercer. Comencé a trabajar un par de días a la semana porque no lograba encontrar más horas para llenar mi jornada. Lo disfrutaba, ganaba poco, pero me alcanzaba, hacía yoga, o salía a correr, jugaba con mi perro, salía con mi pareja y era feliz.

Luego me salió un trabajo de tiempo completo en servicio público, uno de mis grandes sueños y al comienzo fui feliz. Entregué todo y más de mí para contribuir mi granito de arena. Me encanta conversar con los pacientes, me encanta cuando me cuentan partes de sus vidas, sus anécdotas, sus miedos al asistir a la atención dental. En la facultad no nos enseñan psicología, no nos enseñan a lidiar con los miedos, aprensiones y necesidades emocionales del paciente odontológico. Así que busqué la forma de aprender. Hice un diplomado de hipnosis, para lograr manejar el miedo y el dolor con mis pacientes. Ahí aprendí mucho más que sólo hipnosis, ahí abrí mi mente racional y me di cuenta de lo maravillosa que es la mente humana y aprendí muchísimo sobre nuestras emociones. Comencé a aplicar las técnicas sin decir a nada a mis pacientes, y pronto me di cuenta lo bien que resultaba todo. Como se entregaban a mi atención, se relajaban, muchos se quedaban dormidos en mi sillón, y se iban contentos. Incluso los más complejos, esos pacientes que todos los demás colegas decían, “ojo con este paciente, siempre viene y es cacho”, llegaban, los atendía y luego sólo pedían cita conmigo, una y otra vez. A veces sólo para conversar.

Sin embargo, lo que en un comienzo me gustaba mucho con el tiempo se hizo muy pesado. El trabajo me quedaba a más de 1 hora de mi casa, la jornada era muy extensa, y por supuesto había sobrecarga de pacientes. Pero se suponía que así funcionaba la cosa, uno trabajaba full toda la semana ( en mi caso de Lunes a Sábado en servicio público) y disfrutaba unos pequeños momentos de libertad los fines de semana, con mi pareja, nuestro perro, nuestra familia. Sabía que me estaba pasando la cuenta, sabía que estaba cansada todo el día, todos los días, sabía que vivía sólo para trabajar y para desplazarme del trabajo a la casa y viceversa, sabía que ya cada vez disfrutaba menos mi trabajo, a pesar que era lo que siempre había soñado. Sabía todo esto, pero mi sentido de responsabilidad y mi aguante era muchísimo mayor.

Luego me casé y a los 2 años tuvimos a nuestra primera hija. Ahí mi vida cambió del cielo a la tierra. Qué sentido tenía la vida sin verla despertar todos los días? Cuál era el objetivo de pasar tanto tiempo afuera y pasar tan poco con la personita que más me necesitaba y en sus años más importantes? De los 0 a los 7 años se forman las bases psicoemocionales de los seres humanos. Y entonces ella llegó a darme la fuerza y la valentía. Renuncié muerta de miedo, pero convencida que era lo mejor, así tuviera que adecuarme a vivir con mucho menos. Y la verdad esa prueba ya la había superado cuando me tuve que adecuar a lo poco que me llegó de licencia postnatal, debido a lo injusto que es el sistema con las mujeres que deciden tener hijos y en su momento más vulnerable. Renuncié y encontré ese mismo día trabajo en una clínica.

Sólo habían dos días disponibles para trabajar, pero no me importó y acepté feliz. Ese dicho, que dice “los hijos llegan con la marraqueta bajo el brazo”, es cierto. Y en mi experiencia, cuando las decisiones se toman desde el amor y no desde el miedo, el universo entero se acomoda para hacer que funcione todo. En la actualidad trabajo 2 días a la semana, días que disfruto muchísimo y entrego lo mejor de mí a mis pacientes, gano lo mismo que ganaba antes, y estoy la mayor parte de la semana con mi maravillosa hija. Mi pequeña maestra.



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