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2da parte..

ACTUALIZACIÓN: Tengo 34 años y siento que soy la mamá de mi marido, no su esposa.

He recibido muchísimos comentarios
Quiero aclarar varias cosas que no conté en mi primera publicación.
Primero, sí he hablado con mi marido. Muchísimas veces, durante años. Le he explicado cómo me siento, lo cansada que estoy, cuánto me gustaría que fuera más compañero, que me ayudara, que se preocupara de nuestra relación. Siempre me promete que va a cambiar, pero nunca cambia nada. Y llega un momento en que una también se cansa de pedir lo mismo.

Tenemos dos hijos adolescentes de 15 años y son una de las principales razones por las que todavía no me he separado. Están pasando por situaciones propias de la adolescencia, algunas bastante difíciles, y lo han pasado mal últimamente. Soy una mamá extremadamente preocupada por mis hijos y me cuesta muchísimo pensar en agregarles otro problema. Sé que muchos me dirán que los hijos están mejor con padres separados que con padres infelices, pero cuando una está viviendo la situación no es tan sencillo.

Nosotros llevamos 16 años juntos, pero nos casamos hace solamente 5. Yo de verdad pensé que las cosas iban a cambiar, que él iba a madurar, que íbamos a ser compañeros de vida. Quizás fui demasiado ingenua.
También quiero aclarar que mi marido no es un hombre cariñoso, atento y maravilloso que simplemente tiene el defecto de jugar videojuegos. Tiene un carácter bastante pesado, muchas veces me contesta de mala manera y en ocasiones incluso me trata de estúpida cuando lo corrijo por algo que está diciendo mal.
Y eso también duele

Algunos me han comentado que quizás él tiene alguna enfermedad, depresión o algún problema que no sabe expresar, que a lo mejor lo está pasando igual o peor que yo. Y puede ser, no tengo cómo saberlo. Pero quiero aclarar algo respecto a nuestro problema sexual.
Fui yo quien insistió para que fuera al urólogo. Él no tomó la iniciativa. Fue dos veces porque yo estaba preocupada por lo que nos estaba pasando y quería que encontráramos una solución. Según él, los médicos le dijeron que no tenía nada.
¿Y después? Nada. No buscó otra opinión, no quiso seguir averiguando y tampoco volvió a intentar solucionar el problema.

Entonces, cuando me dicen que quizás él también está sufriendo, yo me pregunto ¿por qué soy siempre yo la que tiene que preocuparse, buscar soluciones e insistir? ¿Por qué tengo que hacerme cargo hasta de su salud sexual?
Y aquí quiero contar algo que no mencioné anteriormente.
Yo también tengo una enfermedad.

No voy a decir cuál es porque prefiero mantener esa parte de mi vida en privado, pero es una condición que me limita físicamente. Hay días en que no puedo caminar durante mucho rato, días en que mi cuerpo simplemente no responde como debería y cosas cotidianas que para cualquier persona son fáciles, para mí pueden resultar bastante difíciles.
No estoy postrada ni mucho menos, tengo una vida bastante activa, pero hay momentos en los que realmente necesito ayuda.

Y aun así, jamás he dejado de cumplir con mi trabajo, con mi casa ni con mis hijos. Aunque esté agotada, aunque me sienta pésimo, aunque mi cuerpo no me acompañe, siempre intento hacer todo lo que tengo que hacer.
hay ciertas cosas para las que dependo de mi marido. Y él ya me ha dicho que, si algún día nos separamos, no seguirá ayudándome con ellas.

Esa es una de las cosas que más me complican al pensar en una separación.
Porque económicamente no lo necesito. Gracias a Dios me va bien, trabajo muchísimo y podría perfectamente mantenerme sola y darles una buena vida a mis hijos. No es la plata lo que me mantiene aquí.
Es el miedo a desordenar la vida de mis hijos, mi condición de salud y, quizás, también la costumbre de llevar tantos años juntos.
Y ahora hay algo que me cuesta muchísimo entender.

¿Por qué no le gusto a mi propio marido?
Perdón si suena vanidoso, pero yo me encuentro bien me cuido, me arreglo, siempre intento verme bonita, estar bien vestida, bañada, perfumada, con rico olor. Me preocupo de mi apariencia, de mi higiene, de seguir siendo atractiva.
Y nada.
Absolutamente nada.

Ni siquiera sé qué pensar. A veces me pregunto si realmente no le atraigo, si tiene algún problema que no me cuenta, si es su peso, si simplemente perdió el interés o qué cresta le pasa por la cabeza.
Y no, no creo que el s2xo sea lo más importante de un matrimonio, pero tampoco me parece normal pasar años sin intimidad, sin sentirme buscada, deseada o querida como mujer.
No saben lo triste que es acostarse al lado de alguien y sentirse completamente invisible.
No busco que me den la razón en todo, ni que me digan que soy una santa. Sé que también he cometido errores, principalmente permitir ciertas cosas durante demasiado tiempo.

Yo no quería mantener a un hombre ni convertirme en su mamá. Quería un compañero, alguien que me quisiera, que se preocupara por mí y con quien pudiera disfrutar esta etapa de mi vida.
siento que llevo demasiado tiempo esperando que mi matrimonio sea algo que quizás nunca va a ser.
Y eso es lo que más pena me da. Que mientras sigo esperando que él cambie, mi vida sigue pasando.

Lo peor...escribo esto en mi hora de almuerzo, mientras ya le servi, lave su loza y el juega en su play...



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