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A la antigua

Entré a trabajar a un estudio jurídico de cobranzas acá en Santiago. Al principio dije: “Bueno, no se ve la gran cosa, pero al menos la paga no está tan mal”. Qué inocente fui. Apenas crucé la puerta me di cuenta de que este lugar redefine la roñería: son ratas, pero con título universitario.

Para empezar, olvídate de Windows o Microsoft Office porque “no hay presupuesto” para licencias. Acá usamos un sistema operativo cavernícola llamado Libre ( LibreOffice / Linux ), donde redactar un triste escrito judicial se convierte en una batalla épica contra los márgenes, las fuentes desplazadas y mi propia paciencia.

El ambiente laboral es una mezcla entre museo de antigüedades y reality show de supervivencia:

Los baños: Pasan días enteros sin papel higiénico. El que no trae su propio rollo de la casa juega a la ruleta rusa.

El mobiliario: Mi silla es una reliquia de los años 80 que suena y chirría más que catre de motel en pleno fin de semana largo.

La tecnología: Los computadores no encienden; convulsionan unos 20 minutos antes de dar señal de vida.

El personal: Tienen contratados a puros jubilados a los que mantienen amenazados con el clásico "agradezcan que tienen trabajo, porque afuera nadie los va a contratar". Impresentable.

Y la supervisión? Las pobres chicas que trabajan en la cobranza telefónica viven vigiladas, tienen cámaras instaladas directamente sobre sus cabezas y, por si fuera poco, las monitorean en vivo por la webcam del PC.

Pero la guinda del pastel es la "línea ejecutivo":

El jefe: Es un frustrado. Intenta hablar como gurú de la economía y la innovación, pero le sale su lado más flaite y tiene faltas de ortografía hasta para hablar.
La gerencia: Como buena PYME familiar, las gerencias están repartidas entre parientes que tienen las mismas competencias administrativas que un cactus.

El ambiente: Tienen mentalidad de patrones de fundo del siglo XIX. A las muchachas las tratan a puros garabatos. O sea, este lugar es literalmente una mina de oro para cualquier abogado especialista en la Ley Karin. No sé cómo no tienen el frontis tapado en querellas y fiscalizaciones del Trabajo.

No existen procedimientos, todo es un chiste y de verdad no entiendo cómo esta empresa sobrevive económicamente. Iluso de mí, llegué con toda la energía y ganas de aportar cambios básicos para adaptarnos al siglo XXI... La respuesta? Una resistencia total. Se toman todo a pecho y se defienden diciendo con orgullo que son un "Estudio Boutique". Por favor! Lo único "boutique" que tienen es el nombre, porque por dentro parece campamento de refugiados informáticos.

En fin, este es mi descargo. Estoy entre salir corriendo antes de que el servidor explote (o la Inspección del Trabajo clausure el boliche) o quedarme en primera fila con cabritas a ver cómo se les viene la noche con la Ley Karin.



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