Al fin siento que puedo respirar un poco.
Después de semanas de ir y venir, de explicaciones interminables y de que me salieran con el cuento de que el depósito era de suc en el norte y que me iban a mandar para allá a firmar una supuesta carta de cargo... por supuesto, cuando fui a la sucursal de acá en Santiago nadie sabía nada —porque es insólito que ni siquiera sepan quién hace un depósito por caja.
Tuve que escalar el tema con la jefa de sucursal para poner las cosas en orden. Mi solución fue simple: devuélvanle el dinero a su banco de origen y que ellos investiguen lo que tengan que investigar, pero yo me salgo de este enredo.
De verdad, ojalá esta pesadilla termine aquí, porque ha sido demasiado desgaste por algo que jamás busqué ni me perteneció.
Del año pasado me ha pasado un sin fin de cosas malas, quien hará limpias pero de verdad porque estoy segura que me hicieron algún trabajo de magia negra.
