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Espero que leas esto.

Confieso que soy una persona con una personalidad bastante compleja, producto de muchas cosas que me pasaron y de las que no fui realmente consciente hasta que hice terapia.

Después de reconocer muchas de las cosas que hice mal y, sobre todo, de entender por qué actué como actué, hoy intento vivir de otra manera. Soy mucho más consciente de que tengo que cuidar los vínculos sanos con la gente que me importa y tratar de construir relaciones igual de sanas con las personas que vaya conociendo.

Pero mirar la vida desde otra perspectiva no hace desaparecer cierta pena por el pasado. A veces me da lata pensar que no tuve entonces las herramientas emocionales que tengo hoy, especialmente en relaciones que fueron bonitas y que terminaron, en buena parte, por mi propia inmadurez.

Esto lo escribo simplemente para descargarme. Hay algo que tengo muy claro: jamás voy a buscar a mis ex parejas, mucho menos sabiendo que están bien. No podría aparecer de la nada a incomodar a alguien cuando ya soy parte de su pasado. Haber entendido ciertas cosas tarde no me da derecho a irrumpir en la vida de nadie.

Sin embargo, anoche tuve un sueño muy bonito con quien fue mi primer gran amor y, cuando desperté, sentí ganas de escribirle. Lo hice sabiendo que es una carta que nunca llegará a destino. Una carta en la que, más que pedir perdón o imaginar lo que pudo haber sido, simplemente le doy las gracias.

Sé que ella lee estas confesiones, así que no voy a mencionar su nombre. Pero si alguna vez te reconoces en estas líneas, simplemente quiero decirte gracias. Gracias por haberme hecho feliz, por la calma que alguna vez encontré contigo, por todo lo que compartimos y por todo lo que significaste en una etapa de mi vida.

No necesito que regreses para reconocer lo que sentí, ni necesito volver a entrar en tu vida para agradecer lo que alguna vez fuiste en la mía.

Hay historias que no duran para siempre y que, aun así, merecen ser recordadas con cariño.



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