El cliente no siempre tiene la razón
Puta que da risa y rabia la misma wea de siempre cuando uno se mete a postular a las ofertas trabajo donde te piden los medios requisitos para una miseria de sueldo mínimo como si fueras a salvar la empresa. Te hacen pasar por procesos de selección que son un verdadero circo con dinámicas infantiles como jugar con Legos, cantar, bailar o presentarte como un animal frente a otros veinte candidatos dizque para evaluar la desinhibición, cuando la única cosa que logran es hacerte pasar un rato súper incómodo y humillante. A eso súmale el famoso roleplay tóxico donde el reclutador se las da de cliente histérico, te grita, te insulta o te trata como el hoyo para ver tu manejo de presión siendo que en la vida real ninguna empresa seria permite que un cliente te insulte sin poder colgar o reportarlo. La exigencia absurda de pedir dos o tres años de experiencia en softwares complejos como Salesforce y hasta inglés avanzado para un puesto de entrada por el mínimo. Las preguntas absurdas de entrevista tipo si fueras un sabor de helado, cuál serías o la de las pelotas de tenis en una limusina que no tienen nada que ver con atender a un usuario las pruebas de digitación imposibles pidiendo más de 60 palabras por minuto sin un solo error en teclados pencas y el clásico cliché de véndeme esta lapiz cuando vas postulando a atención y no a ventas, mezclando perfiles que no tienen nada que ver.
Y los jefes y los de Recursos Humanos tampoco se salvan y no se hagan los tontos, porque te hacen perder el tiempo metiéndote en charlas eternas con presentaciones de PowerPoint llenas de monitos y frases cliché sobre cómo tratar al cliente, como si uno no fuera un adulto razonable que ya sabe cómo mantener la calma. Pero en esas capacitaciones de tienda grande siempre se les olvida un detalle clave los clientes tóxicos también existen, abusan y hay que saber diferenciarlos de los clientes difíciles.
El cliente difícil es el que viene urgido o complicado porque algo falló, y ahí uno pone paciencia porque el respeto es mutuo y uno también sabe cómo funciona estar al otro lado del mostrador pero el cliente tóxico es otra cosa, un personaje mañoso y chanta que le gusta el regateo extremo para llevarse las cosas casi gratis y que te amenaza altiro con funas en redes sociales si no se le hace el capricho, tal como le pasó a un conocido en una panadería a quien le llegaron clientes care raja reclamando con la empanada prácticamente ya comida para que se las devolvieran gratis. A esos no hay que tolerarles nada y también hay que ser chuchetas de vez en cuando, porque no hay que tolerar a estos personajes ni aguantarles sus atados, y las empresas grandes deberían ponerse los pantalones y dejar vetados a los clientes problemáticos en vez de andar retando al trabajador, porque esa mentira de que el cliente siempre tiene la razón es solo una excusa y no siempre es así, ya que si hay cámaras y pruebas de que el cliente es un atorrante, la empresa tiene que respaldar a su gente y dejar de proteger al abusivo pura y exclusivamente.
