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Su enfermedad me afecta.

Estoy aquí, a la chucha del mundo, tratando de poner mi mejor cara en el trabajo, mientras por dentro estoy destruida porque terminé una relación de tres años. Sé que para algunos tres años puede parecer poco, pero para mí significó muchísimo. Me las he llorado todas en mi oficina, pensando una y otra vez si hice lo correcto o si fui demasiado dura con mi ex.

Nos conocimos y, al principio, todo iba bien. Me enamoré profundamente y decidimos irnos a vivir juntos. Ambos teníamos un hijo de una relación anterior. Cuando hablamos de dinero, él me dijo que ganábamos prácticamente lo mismo, que pagaba la pensión de su hijo y que, entre ambos, no habría problemas para cubrir los gastos de la casa y proyectarnos.

Con el tiempo empecé a notar que sus cuentas no me cuadraban. Como yo trabajaba por turnos ,asumía que gastaba plata saliendo con amigos o en cosas para su hijo. Mientras tanto, seguíamos pagando la casa 50 y 50.

Todo cambió cuando pedí vacaciones y pasé más tiempo en casa. Ahí me di cuenta de que no solo gastaba dinero en sus juegos de PC, como TFT o weas de Steam, sino también en apuestas. Al principio no lo vi como algo grave. Pensé que era un pasatiempo, igual que cualquier otro juego. Pero empezó a apostar cada vez más, a meter más plata, a ganar algunas veces y perder muchas otras. Comenzó a endeudarse, sacó créditos y la situación se fue descontrolando a tal punto que me andaba consiguiendo para cubrir sus gastos de pensión y sus otros gastos que faltaban en la casa.

Muchas veces me pedía que me sentara a su lado mientras jugaba. Ahí estábamos los dos, rezándole a todos los dioses para que esa apuesta pagara, mientras giraba la pantalla yo lo miraba y era tan feliz él, esa sonrisa esos ojos tan llenos de alegrias que no podia entender porque no me podia mirar asi a mi . Sin darme cuenta, ambos empezamos a poner dinero en común. A veces ganábamos, pero muchas veces perdíamos y nadie le gusta perder.

Después quedó sin trabajo y, en una sola noche, se gastó más de tres millones de pesos de su finiquito apostando. Se quedó sin plata para pagar la pensión de su hijo, sin dinero para aportar a la casa y hasta sin plata para comprarse sus cigarros.

Ahí fui yo quien empezó a sostener gran parte de los gastos. Él trabajaba en Uber para juntar dinero para la pensión, aunque siempre decía que era malo y que apenas alcanzaba a hacer veinte mil pesos al día. Pasaron seis meses, encontró trabajo y por un momento pensé que las cosas mejorarían. Pero apenas volvió a tener un sueldo estable, volvió a apostar incluso más que antes.

Las peleas comenzaron a ser cada vez más frecuentes. Discutíamos por quién aportaba más, mientras yo veía cómo todo su dinero terminaba en el juego. Dejamos de salir, nunca había un detalle, un chocolate, un regalo de Navidad o simplemente un panorama juntos.

Terminamos una vez. Me prometió que cambiaría, que no volveríamos a jugar. Volvimos a intentarlo. Fuimos a terapia de pareja, él tuvo terapia y yo también. Yo eliminé todas mis cuentas relacionadas con apuestas porque entendí que no quería seguir en eso. Pero él nunca dejó de jugar. Además, la ludopatía estaba muy presente en su familia: su papá, su mamá y sus hermanos también tenían ese problema. Era una enfermedad que siempre estaba ahí, al alcance de un clic y de una aplicación.

Con el tiempo ya no soportaba que me hablara de casinos. Era siempre lo mismo: "préstame cien", "préstame doscientos" , "confía en mí, después te pago" . Yo ya no quería apostar, pero lo amaba y me costaba muchísimo decirle que no. Incluso dejé de comprarle cosas a mi hijo por ayudarlo con dinero para el juego. En terapia aprendí a poner algunos límites, pero todavía me costaba mucho, y él conocía esa debilidad y terminaba aprovechándose de ella.

Hace apenas unas semanas volvió a jurarme que nunca más jugaría. Le creí una vez más. Pero el día que recibió su sueldo, se gastó un millón de pesos apostando.

Cuando me enteré, por fin encontré la fuerza para terminar la relación.

Y ahora me pregunto todos los días si hice lo correcto. ¿Soy mala por dejar a una persona con una enfermedad? ¿Soy cruel por no seguir apoyándolo? ¿Por qué me siento culpable, si aguanté tanto tiempo? ¿Realmente le di demasiadas oportunidades?

Lo más triste es que no tengo muchas personas con quienes hablar de todo lo que viví.
Por eso hoy necesitaba sacar esto de adentro y contarlo.



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