Cociendo la tienda
Fui a la famosa tienda azul con nombre de ciudad europea porque, según SU PROPIA página web, tenían disponible una parka de una marca que me encanta y que no es tan fácil encontrar en Chile. Ya tengo una de esa marca porque la compré en un viaje al extranjero, así que sabía perfectamente lo que estaba buscando.
Después de recorrer la tienda como si estuviera participando en una búsqueda del tesoro, decidí preguntarle a una vendedora... Error!...
Le mencioné la marca y me respondió, entre risas: “Aquí no trabajamos marcas chinas poco conocidas”. Le mostré la parka publicada en la página de la misma tienda y, en vez de decir 'déjeme revisar', me dijo que el precio debía estar malo porque 'cómo iba a costar tanto'.
En ese momento entendí que yo conocía mejor el catálogo de la tienda que la persona que trabajaba ahí.
No me molestó que no conociera la marca; nadie tiene por qué sabérselas todas. Lo que sí molesta es que, cuando uno pregunta algo, lo traten como si hubiera llegado pidiendo una capa de invisibilidad o un unicornio en oferta.
Al final, la marca sí existía, la tienda sí la vendía y la página web no estaba alucinando. La única desinformada era la vendedora.
De verdad, si atender clientes les produce tanto sufrimiento que terminan riéndose de ellos, quizás es una señal del universo para cambiar de rubro. Porque atender como las pelotas no debería venir incluido en la descripción del cargo.
