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Educación continua

Es verdaderamente insólito y frustrante ver cómo las instituciones de educación superior continúan impulsando este tipo de programas estériles que lo único que hacen es mercantilizar las necesidades de las personas. La academia parece perder cada día más el rumbo, priorizando la venta de cursos y diplomados sobre cualquier noción real de aporte crítico a la sociedad o al mundo laboral.

Cuando uno analiza el contenido de estas mallas y ofertas académicas, como este diplomado en gestión de personas, es imposible no cuestionar el propósito formativo real. Las universidades los preparan para ser casi esclavos de las empresas. No hay otra forma de definirlo con honestidad intelectual. En lugar de formar profesionales con pensamiento crítico, capaces de transformar las dinámicas laborales hacia modelos más justos, horizontales o humanos, se dedican a entrenar soldados corporativos cuya única misión es blindar al empleador y blindarse a sí mismos frente a las legítimas demandas de los trabajadores.

Esa supuesta gestión humana estratégica de la que tanto blanden los folletos publicitarios no es más que un eufemismo corporativo para la manipulación sistemática. Al final, los departamentos de recursos humanos terminan reducidos a oficinas de control de daños y contención de personal. Nos venden la retórica edulcorada de desarrollar retener y potenciar pero en la práctica cotidiana esa wea no es trabajo real es simplemente retener a personas que realmente necesitan trabajar, bajo condiciones que muchas veces bordean la precariedad, disfrazando la explotación institucional con dinámicas de clima laboral tóxico, charlas motivacionales vacías y filtros de selección basados en pseudociencia y test proyectivos absurdos.

Es el reflejo perfecto de una desconexión total entre la academia y la calle. Las universidades prefieren agachar la cabeza ante los grandes conglomerados económicos y formar piezas de remplazo para la maquinaria corporativa, en lugar de cuestionar las estructuras de poder que asfixian al trabajador común. Mientras sigan promoviendo este modelo, lo único que seguirán egresando son operadores obedientes dispuestos a justificar cualquier política abusiva con tal de asegurar su propio bono de cumplimiento.

Es un chiste de mal gusto que se disfraza de educación continua.



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