A Dos Sibilas doradas
Las innombrables idealizadas, álveo de esta escatología,los monstruos de bello perfume, de sangre azul, tonada pálida, romántica del delirio, sollozo de mi yo, el siempre impertinente. Llegan vuestras victorias, bailes de ausente máscara roja, en la ausencia de nuestros entrelazamientos, ya gozáis de nuevas sonrisas.
Permanezco más no existo, escombros de mi boreal esperanza, el aroma de masculinas siluetas vilipendia al maldito poeta,ustedes son la misma peste que achicharra al malnutrido pulmón. Escribo en estos aromas de aguarrás con los boleros de un viejo pobre y fracasado. El narciso reflejo se esconde en justificaciones de la inmadurez. Incapacidad de aceptación de la sangre derramada por propio puñal.
Malherido corazón exhausto de echar maldiciones, pues ante la interrogante prefiere asumir culpa obscena, y con el sable en su tiroides palpitante,desea morir y vivir al mismo tiempo. Se ahoga en el calor de las manos de Cioran, único calor al que puede aspirar.
Y solo ante lo no existente caigo en las vulgaridades de los hombres, recurro a los vanos intentos de hermanarme con vuestras madres, la extrañeza y la abusiva.
Ustedes habéis asesinado al desesperado y al bufón, queda ahora la duda misma. Hombre de las ambigüedades, El león negro yace en cadenas, -¡sangra oh sangra bestia de la sombra yoica-!, Hierve el cancerígeno hematoma y el castillo se obscurece aún más. No hay trono, no hay iglesia del ungido, solo perturbadora esperanza pero ingenua esperanza.
Pero ya no quiero ver vuestras felicidades si es que son sin la mía, Y en esa porción de orgullo del alicaído, deseo que vuestros triunfos sean desdicha ydestrucción, Que el ausente YHWH haga caer el cielo en cráneos aquellos. Enojo de frustración anti esotérica del que no es propietario, Ausencia de vuestros misteriosos toques y deseos.
Mezquino y sensual pálido abdomen, Aquellas bellas extremidades de arácnido agarre no tientan más, Lo somático de vuestra belleza eclipsado por ser propiedad del mundo, Son reinadas por el bajo hombre, Ay, sibilas mías del ultimo de los infiernos cósmicos, Profetizas de lo nunca prometido, Augurios de lo siempre incierto...
¿Por qué, por qué tengo que estar tan solo...?
Id entonces. Sed felices entre los hombres que elegisteis. O fingid serlo. Ya no distinguiré una cosa de la otra. Yo me quedaré aquí, haciendo lo único que siempre supe hacer: sobrevivir a vuestra ausencia mientras vosotros aprendéis a sobrevivir a mi recuerdo.
Aunque al cruzarme contigo en la universidad, el corazón aún se me oprime... maldita arpía.
Porqué no se vivir más solo, que con mi orgullo y mis obsesiones de buscar respuestas del porque me abandonan.
