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Crónica de un desempleo anunciado

El reciente y preocupante aumento del desempleo en Chile no debería ser una sorpresa para nadie... de hecho, es la consecuencia obvia de una serie de malas decisiones políticas que venimos arrastrando desde hace años. El 'pecado original' de este escenario tiene nombre y apellido: la famosa reforma tributaria impulsada en el segundo gobierno de Michelle Bachelet. En su momento, múltiples expertos advirtieron hasta el cansancio que ese cambio impositivo le haría un daño profundo a la inversión y a la economía... No los escucharon, y los números hablan por sí solos: desde esa reforma, Chile perdió su impulso y nunca más volvió a crecer al ritmo que el país necesitaba.

Con un motor económico ahogado por los impuestos y la falta de crecimiento, la clase política decidió seguir tomando medidas desconectadas de la realidad que encarecieron brutalmente el costo de contratar. Se impulsaron con bombos y platillos normativas como la reducción de la jornada a 40 horas ( a celebrar !!! ) y el aumento de las cotizaciones con cargo al empleador... A esto se sumó una avalancha de medidas populistas que asfixian el trabajo formal: el sueldo mínimo a más $550.000 (totalmente desvinculada de la productividad), los costos de cumplimiento de nuevas leyes (como la Ley Karin), la rigidez para despedir o reestructurar, y el festival parlamentario de proponer nuevos feriados y permisos que suenan muy nobles en el Congreso, pero que los termina pagando la empresa.

Para rematar, el comentario que a estas alturas parece un mal chiste... de que 'si un empresario no es capaz de darle dignidad a sus trabajadores' (entendida como sueldos altos..., abundancia de vacaciones y días libres a todo evento), entonces 'mejor que no tenga empresa y cierre'. Aunque las intenciones detrás de esas exigencias puedan ser humanamente entendibles, están totalmente divorciadas de nuestra realidad. Somos un país con cada vez más pobres, que lleva una década estancado, y que necesita desesperadamente volver a atraer inversión, generar riqueza y producir.

No se puede legislar para una economía suiza cuando tenemos la productividad de un país latinoamericano. Al final, los grandes perjudicados por esta combinación letal de reformas anti-crecimiento y populismo laboral no son los 'grandes empresarios', sino los propios trabajadores, que hoy se enfrentan a la angustia de la cesantía o al abismo del comercio informal. Las buenas intenciones no pagan las cuentas a fin de mes...

Así que... hay que aumentar las vacaciones? Eliminar el tope de indemnización de años de servicio, días libres si se muere una mascota? Más días libres para post natal? que cosas creativas de esos políticos con sueldos millonarios asegurados nos van a seguir ayudando a crecer como país?



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