Reestablecer contraseña

La dirección de correo electrónico está asociada a tu cuenta.

¿Por qué registarse?

Full Confession Control

Actualizar / eliminar o editar tus confesiones.

Notificaciones

Suscríbase para recibir notificaciones por email con las respuestas a tus confesiones.

Publicidad

¿Quieres publicitarte con nosotros? Comienza creando una cuenta.

¿Tienes alguna confesión laboral?

El nombre es opcional o puedes poner un seudónimo si lo deseas.

Me quiero defender bien

Tengo que confesar algo que vengo guardando hace tiempo, una mezcla de rabia, pena e impotencia que ya no me cabe en el pecho. Como vecino de San Bernardo, me rompe el alma ver en lo que se ha convertido nuestro entorno. El otro día, viendo cómo en un portonazo no les importó nada y se ensañaron con un niño, sentí que algo dentro de mí se quebró. Me dio una pena tremenda por esa criatura, pero inmediatamente después me dio un miedo frío: ese niño pudo ser de mi familia, y ese portonazo pudo ser en la puerta de mi casa mientras volvemos de trabajar honestamente.

​He llegado a un punto de quiebre. Ya no creo en los discursos, ni en las promesas del Estado, ni en las policías que no dan abasto, y mucho menos en los políticos que legislan en una burbuja, tapados en escoltas y blindajes pagados por nosotros mientras protegen a los suyos. Tampoco soy de los que se quedan de brazos cruzados esperando un milagro o que Dios baje a solucionar las cosas, como dicen algunos. La realidad de la calle es brutal y exige acciones, no rezos.

​Por eso, confieso mi decisión: si el Estado no me protege, me voy a proteger yo. Dentro de lo que permite la ley, mi meta es adquirir un arma de fuego, inscribirla como corresponde y buscar la mejor preparación posible. No quiero un papel que diga que pasé un test psicológico ridículo que solo sirve de traba burocrática para los honestos; quiero entrenamiento real. Quiero prepararme con instructores calificados, con exfuncionarios del GOPE, y aprender defensa y combate en recintos confinados. No busco atacar a nadie, busco que mi hogar sea una fortaleza.

​Hago esta confesión sin vergüenza y con plena conciencia. Si el sistema nos desarma y nos deja a merced de criminales que no tienen códigos, nos están empujando al límite. Y en ese límite, lo tengo clarísimo: entre la vida de mi madre, de mi familia, y la impunidad de un delincuente, mi prioridad absoluta y total siempre van a ser los míos. Si no me dan las armas de forma fácil, buscaré la manera que sea para defender mi techo. Al final del día, soy yo o ellos.



No te reprimas. Completamente anónimo.

Suscríbete a nuestra lista de correo.

Ingresa tu email y te mandaremos las últimas confesiones
Nosotros valoramos tu privacidad, nunca compartiremos tu correo con nadie.