A veces me da una rabia tremenda ver cómo funcionan ciertas fundaciones que supuestamente cuidan a los niños. Hace poco vi una convocatoria para un voluntariado cuyo único fin es ir a abrazar y darles contención a guaguas que fueron abandonadas en los hospitales. Cualquiera pensaría que se priorizaría el afecto urgente que esos bebés necesitan, pero no te topas con una muralla de trabas burocráticas, charlas obligatorias y una lista eterna de requisitos que lo único que hacen es desgastar.
En vez de canalizar esa energía en presionar para que existan leyes de verdad urgentes y duras contra el abandono, el sistema prefiere sobreexigir al que quiere ayudar gratis. Y lo que más me violenta es que sigan jurando que sus famosos test psicológicos son infalibles.
Al final, cualquier persona fría, calculadora y sin un gramo de vocación real se memoriza las respuestas que ellos quieren escuchar, pasa la caga de test muerta de la risa y queda seleccionada. Mientras tanto, la gente que de verdad tiene el corazón y las ganas de entregar amor se queda fuera por culpa de un filtro obsoleto. El foco está totalmente desviado...
