Decidi no se parte de ese proceso
Siempre he sido la persona incómoda. No porque busque discutir o causar problemas, sino que si veo algo que no está bien o que es injusto lo evidencio y reclamo. Me perturba no decir nada, he deseado ser de esas personas que no opina y no se mete, pero más pasa el tiempo menos lo logro. Esta forma de ser no es solo en lo laboral, sino que también personal. Eliminé el contacto con mi familia materna, porque se agarraban a combos y se tiraban los platos por la cabeza y al otro día nada había pasado (vivía ahí porque mi mamá murió cuando yo era chica).
Mi familia paterna la veía tarde mal y nunca y por eso no se crearon lazos, simplemente no pertenezco ahí. Mi papá por otro lado un hombre criado con la huasca, machista y curado, queriendo imponer el mismo estilo de crianza y claramente ahí no me quedé.
No tuve la experiencia de una familia amorosa, pero ahora que cuento con la mía propia, amo a mi marido y a mis dos hijos, somos de esos que en invierno vemos películas acurrucados en la tardecita.
El problema es que hoy mi papá está grave, un pie allá y otro acá, me siento muy extraña porque nunca fue un papá presente, más allá de la visita obligada los domingos, no estuvo en ninguna etapa de mi vida, nunca me preguntó si hacías las tareas, si quería estudiar o en que me gustaría trabajar, solo recibía críticas: “como se te ocurre ir a un colegio que se paga mensualidad”, “a tus primos les va mejor en la construcción”, “los administrativos no hacen nada”.
A los familiares que me contactaron les expliqué que no sería parte de este proceso, pero llega un momento en que me siento extraña, como si fuera mala, que a lo mejor agrando el daño y debería actuar distinto, pero viene mi conciencia y me pide ser honesta, actuar como una hija cercana, es traicionarme a mi misma, no creo que sea justo involucrarme con un padre que nunca me abrazó física, emocional ni espiritualmente.
