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Ella los dejó. Yo los crié.

Conocí a mi pareja en el trabajo, él es médico y yo estudié algo relacionado con administración. Veía que este doctor a veces llevaba a sus hijos: Pedrito, de 4 años, y Dieguito, de casi 2. Yo pensaba: “Este wn cagao, en lugar de pagarle a alguien el fin de semana... y la mamá no lo hace nada de mal, quién sabe dónde anda mientras sus cabritos dan la cacha aquí”.

Muchas veces le ayudé a cuidarlos un ratito mientras él terminaba las consultas. Se los encargaba a las recepcionistas y los dejaba jugando con los juguetes de pediatría. Para mí eso era insólito. Varias veces los llevaba a mi oficina y se los cuidaba ahí. Él solo iba por uno o dos pacientes a los que no habían logrado localizar para cancelarles la hora

Cierta vez, uno estaba bramando y el otro quedándose dormido, así que los llevé a mi oficina. El bebé se quedó profundamente dormido y el otro, tranquilo con el coche y mi celular.

Ese día él llegó y me comentó que la mamá se había ido a otro pais, cuando supo que el bebé pequeño tenía autismo nivel 4 y era no verbal. Que a veces su nana pedía salir y, en esas ocasiones, le tocaba llevarlos. Prefería eso porque una vez, de una agencia, le enviaron a una muchacha que se robó todo lo que no estaba pegado al piso y dejó a los niños solos

Bueno, ahí aprendí a cerrar el tarro y dejar de opinar de la vida ajena.

Este médico comenzó a agradecerme con chocolates, a invitarme a su casa y a compartir más conmigo y con sus hijos, hasta que me pidió pololeo. A mí ya me tenía embobada. Nunca había visto a un hombre al que se le vieran mejor las mangas de la camisa arremangadas, con un bebé en cada brazo y un bolso de pañales cruzado.

Ya han pasado ocho años de eso... Yo no quise tener hijos por miedo al autismo, pero tengo a esos dos bebés como si los hubiera parido. Mi pareja es un hombre increíble, no me baja del altar. Para él soy su princesa, su niña, su todo. Nunca hemos tenido problemas; teléfonos sin clave, nunca rumores extraños. Es un hombre muy dedicado a la casa y al trabajo, y se desloma para que yo no trabaje y viva cómodamente, con niñera y nana. Trabaja como segundo cirujano, pasa consultas, hace turnos en el hospital, diálisis... donde pueda va. Nada le queda chico. Estudia mucho y es muy organizado con el dinero; hasta alcanza para invertir en alguna cosita por ahí.

Aquí viene el problema.

Mi hijo debía hacer su primera comunión. Él sabe que no soy su mamá biológica, pero de cariño me dice “mamá Lucía”. Yo le estaba haciendo la basta al pantalón cuando me dijo que quería que su mamá estuviera presente en la ceremonia. Tragué la saliva más amarga del mundo; el nudo en la garganta no me dejaba respirar.

Le dije que claro, que ella era su mamá y que la buscaríamos. Lo último que supimos de ella fue cuando llamó hace dos años para su cumpleaños. La señora estaba en otro pais...

Bueno, llegó el día de la primera comunión y apareció la señora. La llamaremos Laika.

Ahí llegó Laika, operada hasta los ojos: nariz, boca, trasero, pechugas... Yo tengo lo mío, como buena chilena, y soy bonita, pero esa mujer me dejó el autoestima por el piso. Llegó agitando las pestañotas que parecían peluca y diciendo: “¡Mi niño, mi niño! ¡Ay, mi niño!”.

Mi pareja me tomó la mano y me dijo que madre es quien cría, y que para él yo siempre seré la mamá. La gente estaba impresionada; no entendían nada. No podían creer que yo no fuera la mamá de mis bebés.

Llegó el momento de la foto. Yo medio levanté el traste para ir, cuando vi que mi hijo le tiró la mano para que se acercara a posar con ellos. Obviamente, me volví a sentar intentando que no se notara el oso que habia hecho.

Ahí se levantó Laika, ni tonta ni perezosa, y fue como pudo, con sus tacos de tres metros, sus enormes globos y su enorme cabús, riéndose fuerte y llamando la atención. Para esa hora ya se había tomado hasta el vino del curita. No me sorprendió. Dicen que este tipo de mujeres son como tontas para el ácido.

No puedo olvidar la cara de mi marido: impotencia, tristeza, confusión... tratando de fingir una sonrisa para la foto. Yo tenía todo revuelto y ganas de echarme a llorar, pero tenía a mi bebé pequeño en las piernas. Él no pudo tomarse fotos con ella; mi hijo tiene TEA y, como no le era familiar, no la quería cerca.

Con el mayor se hizo un festín, subiendo fotos a sus redes sociales. Fotos donde se veían más sus pechugotas que mi hijo... o su hijo, en realidad Laika volvió a... no sé, en realidad, ni se de dónde vino. Pero se fue.

Han pasado seis meses desde eso y no me recupero. A veces ella lo llama y él le dice: “Estoy con Lucía”. Laika se molesta si me dice “mami Lucía”.

Tengo el corazón roto. Miedo a que ella llegue y me quite todo. No hablo de lo material; tengo miedo por mis hijos. Yo pasé noches de fiebre, gastritis, armando maquetas, proyectos de tecnología. Yo estoy pendiente de las tareas, de las terapias... y llega ella saltando como conejo, diciendo que son sus hijos y que viven con el papá “por un tiempo” mientras ella resuelve unos “negocios

Todo el tiempo me hizo menos, rebajó mi rol con los niños y me miró en menos porque yo me visto más señora.

Mi pareja me dice que me olvide de eso, que probablemente no volverá a aparecer en varios meses, pero no puedo.

¿Le estaré poniendo mucho?

O sea yo siempre supe que esto podía pasar "el pago de chile le dicen" pero me esta afectando más de lo que crei.

La pena por los hijos es peor que cualquier pena de amor.

Media larga la historia... gracias por leerme.



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