La buena onda...
A alguien más le ha pasado que se reencuentra con alguien después de muchísimos años y, aunque ya no recuerdas ni su nombre, la conexión sigue intacta?
Bueno... me pasó.
Fui a visitar a mi mamá al pueblo que me vio crecer y, cuando ya venía de regreso, llegué al terminal de buses. Ahí me encontré con una amiga y, mientras ella iba a dejar sus maletas, apareció él: ese niño que hoy me tiene pensando cuál era su nombre.
Fue solo un abrazo cortito y un “qué genial verte”, pero bastó para dejarme sonriendo todo el viaje. Les prometo que en ese momento ni siquiera atiné a pedirle el número; me quedé pegada en su sonrisa.
Lo laboral es que todos volvíamos a la rutina del trabajo: mi amiga de antaños llevaba poquito tiempo trabajando en otra ciudad, él subió al mismo bus que mi amiga para después irse más al norte, y yo seguí mi camino en un bus hacia el sur.
