No todas las mamas, son iguales.
Ya que pasó recién el Día de la Madre…
¿Qué pasa cuando tu madre te creó traumas que después de adulta todavía te marcan?
Por ejemplo:
no decir ni hacer nada que le pueda molestar,
no haber recibido nunca un abrazo sincero o un “te quiero”,
pero sí estar pendiente de cada error para juzgarte sin piedad.
El viernes tuvimos una discusión por decirle a mi hermano mayor que era un mal agradecido y aprovechador. Ella salió inmediatamente en su defensa, tratándome súper mal, cuando con dos de mis hermanas hemos estado en todas por ella y por mi padre:
médicos, trámites, pagos, compañía, mercadería, mil cosas… aunque a ella nada le agrade y siempre nos reciba con cara amarga. Nunca un gracias, nunca una palabra buena.
Mi hermano vive solo en una casa que le pasaron ellos y la tiene toda sucia, vive prácticamente como indigente.
Pero las malas somos nosotras, las que estamos pendientes de todo.
Da pena sentir que nunca valoraron nada. Uno no pide que le devuelvan todo, pero al menos un poco de cariño o un “gracias”.
Ayer no fui a verla. Y lo más sorprendente es que no sentí culpa. Sentí alivio.
Alivio de no tener que seguir cumpliendo expectativas imposibles ni anulando quién soy para intentar complacerla toda la vida. Mis hijos y mi marido me dijeron que me alejara, porque vivir pendiente de ella me hizo mucho daño.
Y aunque suene duro decirlo: No todas las madres son buenas.
Hay madres egoístas, manipuladoras o narcisistas que terminan anulando emocionalmente a sus hijos.
Es triste, pero también es una realidad de la que casi nadie habla.
