Reestablecer contraseña

La dirección de correo electrónico está asociada a tu cuenta.

¿Por qué registarse?

Full Confession Control

Actualizar / eliminar o editar tus confesiones.

Notificaciones

Suscríbase para recibir notificaciones por email con las respuestas a tus confesiones.

Publicidad

¿Quieres publicitarte con nosotros? Comienza creando una cuenta.

¿Tienes alguna confesión laboral?

El nombre es opcional o puedes poner un seudónimo si lo deseas.

La cultura del apuro: una reflexión necesaria sobre lo que pasó...

​Sé que el tema es súper sensible y, honestamente, da una pena tremenda. No hay forma de darle vuelta a lo que ocurrió con el niño que falleció por culpa de una hamburguesa mal cocida; es una tragedia que te rompe el corazón y uno piensa de inmediato en la familia. Pero, siendo bien honesto y mirando las cosas con perspectiva, creo que nos hace falta un mea culpa colectivo como sociedad antes de empezar a tirar piedras.

​Mucha gente ha saltado a linchar al restaurante, y ojo, no estoy aquí para defender a ninguna cadena ni para decir que la empresa no tiene responsabilidad, porque claramente tienen protocolos que cumplir. Pero tampoco nos hagamos los locos: el problema de fondo es nuestra cultura de andar siempre a las carreras, exigiendo todo para ayer.

​Vivimos en un país donde parece que si no te entregan la comida en tres minutos, ya estás reclamando, mirando el reloj y tratándole de inútil al que te atiende. El cliente, hoy en día, se cree con el derecho de apurar al resto sin medir las consecuencias. Y ahí es donde la cadena se rompe. Imagínate al cabro que está en la cocina; el tipo tiene a un cliente respirándole en la nuca, exigiendo rapidez, y además tiene al jefe encima apretándolo para que saque los pedidos. Con esa presión, ¿qué esperas que pase? El trabajador se pone nervioso, pierde el foco y, efectivamente, la weá queda cruda.

​Lo digo porque me ha pasado a mí también. Me han servido cosas crudas o mal preparadas, y cuando uno se pone a analizar la situación, te das cuenta de que fue por culpa del mismo ritmo insano que nosotros fomentamos. Cuando presionas a alguien para que trabaje a una velocidad que no es natural, no solo arriesgas que la comida quede mal cocinada, sino que pasan cosas graves: no se alcanzan a lavar bien las manos, no se cumplen los pasos de seguridad, y todo se vuelve un desastre. Por estar apurados, por querer todo al tiro, terminamos pagando las consecuencias más caras.

​La responsabilidad es compartida. El restaurante tiene que tener sus procesos, obvio, pero nosotros como clientes tenemos que ser más responsables y humanos. Hay que bajarle un cambio a la soberbia de pensar que el mundo tiene que girar a nuestro ritmo. El apuro sale caro, a veces demasiado caro, como quedó demostrado en este caso.

​Más que buscar un culpable único para linchar en redes sociales, deberíamos aprovechar esto para entender que si seguimos exigiendo inmediatez a costa de todo, vamos a seguir cometiendo los mismos errores. El trabajo bien hecho necesita tiempo, y si no somos capaces de entender eso, al final del día, todos terminamos perdiendo. Que esto sea, por lo menos, una lección para que aprendamos a tener un poquito más de paciencia y respeto por el que está al otro lado del mesón. Porque al final, el apuro nos está matando, literalmente.



No te reprimas. Completamente anónimo.

Suscríbete a nuestra lista de correo.

Ingresa tu email y te mandaremos las últimas confesiones
Nosotros valoramos tu privacidad, nunca compartiremos tu correo con nadie.