Ese no es el problema.
Quiero soltar una reflexión bien en serio, sin el afán de generar polémica barata, sino porque es una realidad que nos golpea a muchos.
Primero, sobre las manifestaciones es totalmente legítimo que los estudiantes salgan a la calle. Es un derecho básico pelear por una educación gratuita y, sobre todo, digna. Si todos pagamos impuestos, lo lógico sería que ese dinero retornara en formación para las nuevas generaciones. Al final del día, todos sabemos que "nada es gratis", pero para eso aportamos al Estado, para que el futuro no sea un negocio para unos pocos. Los estudiantes no son tontos; llevan años dando una lucha que es justa.
Pero aquí viene lo más decepcionante de qué sirve quemarse las pestañas en el colegio o sacarse la mugre pagando una carrera carísima si, al titularte, te chocas contra una pared. Salir a buscar pega hoy es encontrarse con un sistema de reclutamiento lleno de trabas burocráticas, filtros de algoritmos y hasta pseudociencias que no miden tu capacidad real. Es un muro que te frena después de haber cumplido con todo lo que la sociedad te pidió.
Es frustrante sentir que la educación se volvió un negocio burocrático. Mientras los políticos se farrean la plata de nuestros impuestos, el profesional joven queda atrapado entre la deuda y los reclutadores que te ponen mil peros para trabajar. No se trata de querer todo regalado, se trata de que si uno cumple con estudiar y aportar, el sistema no debería estar diseñado para botarte afuera.
