El secreto del matrimonio feliz
Aprovechando que bajó la temperatura y hay que sacar los plumones, me cuelgo del tema de las parejas. Quiero confesar algo que a mi familia le escandaliza: con mi marido dormimos en camas separadas (en la misma pieza, eso sí) hace tres años.
Antes era un infierno. Él ronca como motor petrolero y transpira como estufa; yo me muevo toda la noche y soy friolenta. Andábamos todo el día de mal humor de puro cansancio. Fue comprar dos camas de plaza y media, y santo remedio. Dormimos raja, no nos pateamos, no peleamos por la sábana y el matrimonio mejoró un 100%. El amor no se mide en aguantar ronquidos toda la noche, se los firmo.
