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Se pierden a los mejores.

La verdad es que ya perdí la cuenta de cuántas veces he quedado fuera de un proceso sin una sola explicación lógica. Y no lo digo de picado, lo digo con la guata apretada de ver cómo el mercado laboral en Chile se convirtió en un circo burocrático donde los reclutadores parecen vivir con la cabeza enterrada en la tierra.

​Es frustrante ver que, en pleno 2026, seguimos atrapados en una dinámica donde se valora más un test de manchas o un dibujo de un monito bajo la lluvia que la experiencia real o la capacidad de resolver problemas. Seamos honestos: el reclutamiento hoy es pura pseudociencia. Esas evaluaciones psicológicas pasadas a naftalina no miden el talento miden qué tan bien sabes jugar el papel que ellos quieren ver. Es una barrera artificial que solo sirve para que el área de RR.HH. justifique su sueldo llenando planillas Excel con métricas que no dicen nada sobre si la persona va a ser un buen aporte o no.

​La Burocracia del Descarte
​Lo más rancio de todo es la burocracia ciega. Hay profesionales de selección que ni siquiera entienden el cargo para el que están contratando. Te leen un guion, te miran como si fueras un número y te descartan por algoritmos mal configurados o por criterios subjetivos que rozan lo absurdo. Están dejando fuera a la gente correcta, a los que tenemos el hambre, la calle y el conocimiento técnico, simplemente porque no encajamos en su molde de LinkedIn perfecto.
​Es insólito que prefieran a alguien que sabe vender humo en una entrevista antes que a alguien que tiene los dedos crespos de tanto trabajar, solo porque el primero pasó un test proyectivo que no tiene pies ni cabeza

​Estamos cansados del "nosotros te llamamos" que nunca llega y de esa falta de humanidad mínima de ni siquiera avisar que el proceso cerró. Se llenan la boca hablando de "cultura organizacional" y " capital humano", pero tratan al candidato como un recurso desechable. Al final, el sistema está roto: las empresas pierden a los mejores porque los filtros están diseñados para premiar la obediencia y el cumplimiento de formas vacías, en lugar de la competencia real.

​Es hora de que corten el leseo con las pseudociencias y empiecen a mirar a la persona que tienen al frente. El talento no se mide en un dibujo, se demuestra en la cancha. Pero mientras sigan con la cabeza en el hoyo, seguiremos viendo cómo las mejores piezas se quedan fuera por culpa de un sistema que prefiere el cartón y la apariencia por sobre la realidad.



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