Mi historia.
Tengo 78 años y como fui profe de Historia, sé q la vida no son solo fechas en un libro, sino la garra de la gente q vino antes. Hoy, q ya estoy en la cuenta regresiva, me doy cuenta q todo lo q logré se lo debo a dos chiquillos q cruzaron el mar sin saber qué les esperaba.
Mi abuelo llegó solo a los 17, arrancando de una Europa q estaba pal gato, con puro olor a guerra y hambre. Se subió a un barco a vapor en 1920 con una maleta de madera y un pedazo de queso seco. No cachaba ni una palabra de español, pero sabía q en Chile había q apechugar. Mi abuela llegó de 15, acompañando a una tía xq en su pueblo no quedaba ni una miga q comer. Era de esas mujeres de antes, con las manos duras y una mirada q no se achicaba con nada.
Se conocieron en el puerto de Valparaíso, cargando sacos. No tenían ni muebles, ni familia, solo la resiliencia de saber q regresar pa' atrás no era opción. Mis viejos heredaron esa fuerza; ellos no pudieron terminar el colegio xq había q trabajar, pero x lo mismo me empujaron a q yo sí estudiara. Crecí escuchando las historias del abuelo y me gustaban tanto q terminé siendo profe de Historia. Quería q mis hijos y nietos entendieran la importancia de este camino, xq uno no aparece de la nada, sino de todo ese esfuerzo acumulado.
A mi edad, veo a mis nietos y me da lata q se ahoguen en un vaso de agua. Se complican x puras tonteras, es q quizás no han entendido lo q pesaba la maleta del bisabuelo. Mi último análisis como abuelo y como profe es este: la familia es como un árbol, si no cuidas la raíz, cualquier viento te bota. Nada cayó del cielo, todo lo q construí en mi vida empezó hace casi un siglo con dos jóvenes valientes en el muelle de un puerto. Eso es lo q quisiera dejarles como legado: mi historia.
Solo espero q la conozcan y la valoren, xq esa es la verdadera fuerza q los va a sostener siempre.
