Tratando de arreglarlo.
Vivíamos juntos. Construíamos rutinas, hablábamos de futuro, de familia. Él es mínimo siete años mayor que yo. Y yo siempre pensé que esa diferencia significaba más madurez, más claridad, más estabilidad.
Me equivoqué.
Mientras yo intentaba sostener la relación, él descargaba Tinder. En diciembre. Y también hace un año, cuando estaba de viaje. Yo hacía favores, apoyaba, daba, apostaba por nosotros… mientras convivía con la sensación constante de que no era suficiente.
Cada vez que intentaba hablar de algo que me dolía para resolverlo, la respuesta muchas veces era: “la puerta es grande”. Como si expresar mis emociones fuera un problema. Como si querer mejorar la relación fuera molestar.
En nuestras discusiones empezó a involucrar a su mamá. Conversaciones donde me sentía invalidada, expuesta, pequeña. No era una relación entre dos adultos resolviendo conflictos. Se sentía inmaduro. Se sentía como si yo estuviera peleando contra un sistema, no conversando con mi pareja.
También estaba la historia de la ex “loca”. Yo creí que podía superar eso, que podía ser madura, que el pasado no importaba. Pero entre comentarios, fantasmas y comparaciones indirectas, terminé llena de inseguridades que antes no tenía. Me hizo mierda la cabeza sin que yo me diera cuenta al principio.
Una noche, a las 3:30 am, me fui de la casa. Porque entendí que él no quería resolver. No quería enfrentar lo incómodo. No quería construir desde la responsabilidad emocional. Me fui con el corazón roto, pero sintiendo que quedarme me rompía más.
Y aun así seguimos hablando.
Le ofrecí contacto cero. Porque según él, hace tiempo yo era un estorbo en su vida. Pensé que si eso sentía, lo más sano era cortar completamente. Pero me dijo que no, que él podía hablar.
Y ahí quedé.
Entre alguien que dice que soy un estorbo… pero no me suelta.
Entre alguien que habla de familia… pero abre Tinder.
Entre alguien siete años mayor… pero que no supo sostener una conversación adulta cuando más se necesitaba.
Yo tampoco fui perfecta. Reaccioné desde el dolor. Me desbordé. Ambos nos hicimos daño.
Pero lo más honesto que puedo decir es que lo quise de verdad. Y todavía lo quiero.
Solo que amar no alcanza cuando la coherencia falta.
Y hoy mi vida está patas arriba intentando entender cómo alguien puede decir que te quiso… mientras te hace sentir reemplazable.
¿Qué harían ustedes? Vivíamos juntos y yo me fui porque la vivienda era de él.
