El velorio del verano
Qué heavy cómo cambian las cosas cuando uno crece. Cuando era cabro chico, el Festival de Viña era lo máximo: nos dejaban acostarnos tarde, comíamos papas fritas en el sillón y nos reíamos con el humorista de turno... y todo en familia. Era el peak de las vacaciones.
Ahora, a mis 30 y tantos, Viña solo significa el velorio de mi tiempo libre. Ya no lo asocio a pasarlo bien, sino a la tristeza de tener que armar el bolso para volver a la rutina de Santiago...
