Es insuficiente.
Mi confesión va por aquellas mujeres que hoy están en silencio, con el cuerpo y el alma al límite del colapso. Hablo por las que viven en un estado de alerta permanente, esas madres que ponen el cuerpo frente a cada crisis, las que contienen cada desregulación emocional y cada estallido por sobrecarga sensorial de sus hijos autistas, mientras el mundo sigue girando con una indiferencia que asusta
Esas mujeres están solas. Me toca ver cómo se desmoronan mientras el sistema las deja sin red: escuelas que prometen inclusión pero no tienen especialistas reales o no han sido capacitados y un mercado laboral que las castiga con una crueldad absoluta. Pero el dolor más profundo es el de la soledad en casa; ese abandono de padres que se limitan a mirar desde la barrera o a 'ayudar' con lo mínimo, dejando que sea ella quien reciba todo el impacto y sacrifique su salud mental hasta romperse.
No es falta de amor, es que nadie puede sobrevivir a este nivel de exigencia sin quebrarse. Me duele ver cómo la sociedad romantiza su sacrificio para no admitir que las hemos dejado abandonadas. El sistema no solo es insuficiente, es cómplice de este agotamiento que borra la identidad de las mujeres hasta dejarlas en la nada. Cuidar no debería ser sinónimo de desaparecer.
