Aprendiendo y mejorando
Este pasado 14 de febrero me quedé reflexionando sobre cómo, a veces, usamos la psicología para justificar ausencias; durante mucho tiempo, mi formación y mi propio proceso personal me llevaron a intentar 'traducir' silencios ajenos a través del apego evitativo o las heridas de infancia, creyendo que comprender el trauma del otro me obligaba a tolerar su inconsistencia. Sin embargo, el mayor aprendizaje que he integrado trabajando en mi propia dependencia emocional es que entender una herida no es una invitación a permitir que me dañe: no soy un proyecto de rehabilitación ni la terapeuta de mis vínculos, y el amor sano no se celebra en la intensidad intermitente, sino en la presencia estable.
Hoy elijo no competir contra excusas ni desgastarme descifrando señales confusas, porque la madurez vincular no es aguantar por empatía, sino tener la autoestima suficiente para aceptar que, si alguien no puede ofrecerme claridad, simplemente no es el lugar donde quiero quedarme.
