Expectativa vs. Realidad
Cabros, la vendí. Ayer quise hacerme el lindo y preparé una cena afrodisíaca: mariscos, vino blanco, salsas, postre de chocolate.
El plan era terminar la noche como rey. ¿La realidad? A las 11 de la noche estábamos los dos con una acidez del demonio y la guata inflada como globo.
En vez de una noche de pasión desenfrenada, terminamos durmiendo de espalda, cada uno para su lado, ronando y peleando por el baño. El 'afrodisíaco' fue puro cuento; lo único que se levantó anoche fue mi presión arterial por la sal.
