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Crimen y castigo

Tengo 60 años y mi hijo tiene 33. Vive en mi casa, duerme en la misma pieza donde creció, usa el mismo clóset que le armé cuando tenía diez años y come la comida que yo le preparo todos los días. No trabaja, no estudia, no busca nada. Se levanta tarde, prende el televisor o el computador y así se le va el día. Si no le sirvo el desayuno, no desayuna. Si no le lavo la ropa, la deja tirada en una silla hasta que ya no tiene nada limpio.

Pero no siempre fue así de evidente. Esto empezó hace años, poco a poco, y yo lo fui permitiendo todo.

Cuando era niño, yo no lo dejaba hacer nada solo. Le amarraba los zapatos hasta los doce años porque decía que se demoraba mucho. Le hacía las tareas 'para que no se estresara'. Si en el colegio tenía un problema con un profesor, yo iba a hablar por él. Si discutía con un compañero, yo intervenía. Siempre pensaba: “ya tendrá tiempo de sufrir cuando sea adulto”.

Nunca lo dejé pasar incomodidades...

A los 18 terminó el colegio. Me dijo que no sabía qué estudiar. Yo le dije que no se preocupara, que se tomara un año para pensar. Ese año se convirtió en tres. Durante ese tiempo nunca le exigí trabajar. Si quería plata, me la pedía. Si salía con amigos, yo le daba para los gastos. Cuando sus primos empezaron a trabajar, yo decía que cada quien tiene su ritmo.

A los 25 intentó estudiar algo técnico. Duró cuatro meses. Decía que los horarios eran muy pesados. Yo misma fui a retirarlo porque lo veía cansado. Le dije que buscara algo que realmente le gustara. Nunca buscó nada.

Cuando cumplió 30, una tía le ofreció trabajo en su negocio. Duró dos semanas. Se quejó del horario, del transporte, de todo. Regresó a casa diciendo que ese ambiente no era para él. Yo lo recibí como si volviera de una guerr@. Le preparé su comida favorita y le dije que ya aparecería algo mejor.

Nunca apareció.

Hoy su rutina es siempre la misma. Se duerme a las dos o tres de la mañana viendo videos. Se levanta cerca del mediodía. Va a la cocina y me pregunta qué hay de almuerzo. Si le pido que saque la basura, dice que luego. Si le sugiero que busque trabajo, se molesta y me dice que lo estoy presionando.

Hace poco le dije que yo ya no tengo la misma energía, que me duele la espalda, que me canso fácil. Me respondió que entonces contratáramos a alguien que me ayudara con la casa.

Hace dos meses me enfermé fuerte de la presión. Estuve tres días en cama. Pensé que eso lo haría reaccionar. El primer día pidió comida por domicilio. El segundo día dejó los platos sucios en la mesa. El tercer día me preguntó cuándo me iba a levantar porque no había ropa limpia.

Ahí entendí que no sabe vivir sin que alguien lo atienda.
Y ese alguien siempre fui yo.

Mis hermanas me dicen que lo eche, que ya es un hombre hecho y derecho. Pero cuando lo veo durmiendo, con esa cara tranquila, todavía lo veo como cuando tenía cinco años y se quedaba dormido abrazando su almohada. Yo misma lo mantuve en esa edad.

No lo preparé para el mundo... Lo protegí del mundo.

Y ahora el mundo es mi casa... y yo soy lo único que tiene...



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