El fin del mundo en la cocina
Llevábamos 5 años juntos. Esta mañana, mientras tomábamos desayuno, se suponía que iba a ser un día especial. Teníamos reserva para la noche.
Pero el silencio era incómodo. De la nada, ella dejó la taza en la mesa y me dijo: 'Ya no puedo más. No tiene sentido celebrar algo que no sentimos'.
Así, sin gritos, sin peleas. Un 14 de febrero a las 9 de la mañana. Me quedé con el regalo en el bolsillo y el corazón helado. Ahora estoy acá, sentado solo en el living, escuchando cómo hace las maletas. Es irónico que el día del amor sea el día en que más solo me he sentido en toda mi vida.
