El Cazador de Energía
Esta es la historia de Elena. Elena es una de nosotros: trabajadora, capaz y talentosa. Pero durante meses, Elena llegaba a la oficina sintiéndose agotada antes de encender el computador.
Necesito más café, pensaba. Necesito vacaciones. Pero incluso cuando descansaba el fin de semana, el lunes volvía esa pesadez. Sentía que caminaba con una mochila llena de piedras.
Un día, un mentor le dijo algo que le cambió la perspectiva:
Elena, no estás cansada por lo que haces. Estás cansada por lo que no has hecho. Tienes vampiros invisibles pegados a tu espalda.
Elena se extrañó. ¿Vampiros?
Sí, le explicó él... Cada correo que dejaste en borrador, esa disculpa que no pediste a tu compañero, ese reporte a medio hacer, esa ampolleta de tu casa que lleva quemada hace dos meses... Cada cosa incompleta es un pequeño vampiro. No te muerden el cuello, pero te chupan la atención y la energía. No puedes avanzar porque tienes 100 hilos tirando de ti hacia el pasado.
Esa tarde, Elena decidió probar algo diferente. No intentó trabajar más duro. Simplemente, tomó una hoja de papel y escribió: La Lista de los Vampiros.
Anotó todo lo que tenía pendiente, tanto laboral como personal:
Llamar al cliente García.
Organizar el cajón del escritorio.
Pedir perdón a mi hermano por no ir a su cena.
La lista era larga y daba miedo. Pero la regla era simple: Mátalos de uno en uno.
Elena eligió lo más fácil. Llamó al cliente. Fue una llamada de 5 minutos. Al colgar, sintió algo extraño: se sintió más ligera. Había matado al primer vampiro. Al día siguiente, organizó el cajón. Un poco más de energía volvió a ella.
Día tras día, Elena dejó de preocuparse por hacerlo todo y se enfocó en cerrar círculos. Con cada tarea tachada, recuperaba un trozo de su entusiasmo.
Hoy, Elena tiene la misma cantidad de trabajo que antes, pero ya no está agotada. Camina ligera, con la mente clara. Ha descubierto que la energía no se compra con café; se recupera terminando lo que empezamos.
