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Soy profesor Jubilado, tengo 76 años y cada día cuesta mas moverse. Vivo acá en el sur en Frutillar, por allá por el 93 hacia clases en un colegio publico en Santiago, tenia a mi cargo un séptimo, los tome desde 1ro, ese año llego Antonio, un cabro de 14 años, revoltoso, a diferencia de mis otros pupilos.

Este chico, desordenado, rebelde, como era mas alto y con mas años, se volvió el ejemplo de lo que no se debía ser, yo solo veía a un cabro que necesitaba alguien que lo orientaba y lo tratara con cariño, comprensión y por sobre todo que no lo discriminara por su ropa vieja y gastada. Junto con todo eso el se fijo en la matea del curso, la perseguía, le dejaba chocolates, le escribía papelitos, La chica era una niña guapa que solo se dedicaba a estudiar. Al fin le resulto a este niño y anduvieron pololeando, un día una colega le conto a la mamá de este pololeo, dejando a este muchacho como el motivo por el que a su hija le iba mal en el colegio. La mamá hablo con todos los profesores, para que no dejaran que el se le acercara a ella. incluso supe después que fue a hablar con el director para que a el lo echaran por acoso.

Como buen profesor de historia desde un principio me opuse a la idea, al principio abiertamente, pero la colega de religión, veía a este muchacho como el demonio en persona y empezó con una especie de campaña de censura. Empecé a pedirle ayuda a este muchacho, a cargar libros, a ordenar, a revisar pruebas, así aprovechaba esas instancias y lo aconsejaba, le ayudaba con sus tareas de otros ramos, hasta monedas para fotocopias le daba y yo mismo lo acompañaba a la biblioteca municipal. Empezó a mejorar, ya no era de 4, era de 5, a veces algunos 6, un día el dejo de venir. Al segundo día me preocupe y fui a su casa, me costo que quisiera atenderme hasta que salió, me conto que alguien había ido a hablar con su mamá para decir que el estaba molestando a una niña y que ella tenia miedo de ir a clases. Su padre cuando se entero lo molió a palos, tenia moretones, un hematoma horrible en la pierna, espaldas, brazos. Le costaba caminar, espero con el 3 horas hasta que apareció su mamá y le explique toda la situación, ella no podía hacer mucho. Lo llevamos a la posta y le trataron algunas de las lesiones.

Me fui a mi casa triste, mi esposa me dijo que podríamos hacernos cargo de el, pero era complicado, no por que no se pudiera, si no por la relación directa alumno-profesor, me sentía impotente por no poder hacer nada, el día viernes teníamos consejo de profesores y les conté a todos. Recuerdo que le dije a la profesora de religión que le agradecía por ser buena cristiana y discriminar a un niño que era de Dios seguramente echar a perder a un ser humano inocente.

Todos se lavaron las manos, el lunes que seguía fui a verlo antes del horario de clases, para que fuera al colegio, hasta que lo convencí, le dije que si el quería a esa chiquilla que no se dejara intimidar, pero que tenia que mejorar, le pedí sus tallas y le compre ropa nueva de colegio, yo tengo 3 hijas, ningún varón así que no había nada en mi casa para el.

Con el permiso de su mamá, lo llevaba a mi casa los fines de semana, allá mis hijas le ayudaban con sus tareas, entre otras actividades. Después de unos meses sus notas eran muy buenas, salvo en matemáticas, pero la diferencia era ejemplar. Ellos siguieron juntos, después de muchas dificultades, ambos peleaban el primer lugar, después de su licencia de octavo, se fueron al mismo liceo, a mi me ofrecieron un trabajo acá en el sur y lo acepte a la primera.

Para navidad mi hija se acordó del y como no tenia dinero nos hizo unas cartas, había dicho que no me haría un facebook pero me gano la curiosidad y me hice uno, los busque sin éxito, hasta que empecé a buscar a otros alumnos y los encontré. Fue muy bonito darme cuenta que se casaron, que estudiaron, que tuvieron 2 hijos, ahora espero con ansias que vengan de vacaciones, llegan el próximo fin de semana. Lo que me hizo llorar fue saber que me buscaron por todos lados para invitarme a su matrimonio.

Y aquí estoy esperando con ansias, cuando quise ser profesor, lo hice convencido de que podría hacer un cambio en la vida de los niños, hoy puedo morir tranquilo por que lo logre. Hay tantos otros Antonios, tantas Franciscas, Tantas Marías, Joses, tantos nombres y rostros que a veces van y vienen, me gustaria recordarlos a todos, pero es difícil.

Espero que mis colegas, sientan esa misma pasión por enseñar, estamos guiando a seres humanos a ser mejor personas, no olviden nunca eso.



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