El agente secreto
Esto me pasó hace como 20 años, cuando Santiago era un poco distinto.
Era invierno, tipo 7:30 de la tarde, ya estaba oscuro. Iba en una micro media vacía por la Alameda, llegando a la altura de Los Héroes. En eso se sube un tipo curado, jugoso, que se puso a molestar al chofer. No se sabía bien si quería asaltarlo o si estaba 'jugando', pero apenas se podía la raja parado.
Lo brígido fue lo que pasó en el primer asiento. Iba sentado un caballero muy elegante, de terno, con uno de esos maletines de cuero café, tipo ejecutivo antiguo. Yo iba sentado justo atrás de él y tenía vista privilegiada.
Cuando el curado empezó a gritar, vi cómo el caballero, sin decir una palabra y con una calma impresionante, abrió el maletín. Adentro no había papeles ni colación: había una pistola.
Vi clarito cómo puso la mano sobre el arma, listo para sacarla, pero sin mover un músculo de la cara.
El curado, de pura suerte o porque se aburrió, se bajó casi al tiro. Apenas se bajó, el caballero sacó la mano del arma y cerró el maletín con un 'clack' suave, como si nada hubiera pasado.
Yo quedé helado. Encontré todo tan raro y peligroso que toqué el timbre en la siguiente parada, en metro República, y me bajé rajado. Preferí mil veces esperar otra micro y pasar frío a seguir viajando con ese 'agente secreto' armado.
