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Los juegos del hambre

No sé ni por dónde empezar porque tengo una mezcla de pena, frustración y unas ganas gigantescas de mandarlo todo a la cresta. Les escribo esto con el nudo en la garganta porque sé que no soy la única y porque ya basta de aguantar que estos profesionales de RR.HH. jueguen con el tiempo y el hambre de la gente como si fuera un juego de mesa.

Hace un mes que ando repartiendo el currículum por todos lados. Los que somos de esfuerzo sabemos lo que es eso gastar la poca plata que queda en pasajes, imprimir papeles y tratar de verse impecable cuando por dentro una está hecha bolsa. Soy madre soltera, tengo dos hijos que son mi vida, pero también son dos bocas que no esperan, dos pares de zapatos que se rompen y una cuenta de la luz que no perdona. Para una, conseguir pega no es un desafío profesional para poner en LinkedIn, es una cuestión de supervivencia básica. Punto.

Mi situación ya venía cuesta arriba. En mi trabajo anterior me echaron por la famosa necesidad de la empresa Esa frase maldita que usan los jefes cuando quieren renovar gente o simplemente sacarte de encima sin decirte las razones de verdad. Te cortan las piernas de un día para otro, te dan la PLR aunque te hayas sacado la cresta cumpliendo, y te dejan ahí, a la deriva, con el finiquito que se fuma en puras deudas acumuladas. Desde ese día que ando con la angustia de no saber qué va a pasar el próximo mes.

Hace una semana me llamaron. Por fin, después de tanto tiempo, me dijeron que había sido seleccionada para una entrevista presencial. No se imaginan la alegría, esa sensación de que por fin la suerte se dio vuelta. Me preparé como si fuera a ver al Papa. Organicé todo, dejé a mis hijos encargados que ya es un cacho y un gasto extra que una no tiene me levanté temprano y llegué 15 minutos antes a la oficina. Porque así me enseñaron a mí: la puntualidad es respeto por el otro.

Y qué pasó El famoso reclutador, el psicólogo laboral', llegó 20 minutos tarde. Apareció con su café en la mano, hablando por celular muerto de la risa, como si afuera no hubiera una persona esperándolo con el estómago apretado. Ni una disculpa decente. Me miró como si yo fuera un número más en su planilla Excel, un trámite fome que tenía que despachar antes de almuerzo. Ahí empezó mi duda Cómo este tipo me va a evaluar a mí, si él no es capaz de cumplir con lo mínimo que es llegar a la hora.

Pero lo peor vino después. Entramos a una oficina y empezaron las famosas pruebas De verdad, en qué siglo viven? Me hicieron dibujar un monito bajo la lluvia y escribir una historia. Un monito bajo la lluvia! Tengo dos hijos que alimentar, años de experiencia trabajando bajo presión, sé lo que es la responsabilidad de verdad, y estos tipos creen que van a saber si soy buena trabajadora por si le puse paraguas al dibujo o por el tamaño de las gotas de agua? Es una falta de respeto a la inteligencia de cualquiera. Son pruebas pseudocientíficas que no sirven para ninguna wea, solo para que estos personajes justifiquen su sueldo y se sientan superiores analizando tonteras.

Y las preguntas... qué decir de las preguntas. 'Dime tres defectos'. Yo pensaba por dentro: 'Mi mayor defecto es tener la santa paciencia de estar escuchándote sin pararme e irme Te preguntan tonteras de manual que cualquier persona con dos dedos de frente sabe responder con mentiras blancas para que ellos escuchen lo que quieren oír. No evalúan tu capacidad, evalúan qué tan bien sabes actuar su guion de mierda.

Cuando mencioné que era mamá de dos y que estaba sola en esto, le cambió la cara. Ese microgesto lo vi clarito. Aunque no lo digan por miedo a la ley, te cierran la puerta en la cara apenas saben que tienes responsabilidades reales. Para ellos, mis hijos son problemas de asistencia no el motor que me hace ser la trabajadora más puntual y esforzada que podrían tener. No entienden que una mamá soltera no puede darse el lujo de perder la pega, por eso somos las que más cumplimos.

Al terminar, la frase de siempre Te llamamos entre mañana y pasado para avisarte Eso fue hace una semana. Sigo esperando. Miro el celular cada cinco minutos, salto cada vez que suena un número desconocido, y nada. Silencio total. Esos csm no están ni ahí con que uno tiene que educar, alimentar y pagar arriendo. Te cierran la puerta así de la nada, sin un correo de respuesta, sin una explicación, después de haberte hecho perder tiempo y la poca plata que tenías en pasajes.

Sinceramente, debería existir una ley que sancione a estos personajes y a estas empresas. No puede ser que el acceso al trabajo dependa del juicio subjetivo de un tipo que se cree Dios porque leyó un libro de interpretación de manchas. La psicología laboral, tal como se aplica hoy, no sirve para nada más que para sacar la vuelta, hacerse los importantes y perpetuar la discriminación. Se llenan la boca hablando de talento humano pero te tratan como basura descartable.

Es inhumano. Juegan con la ansiedad de una madre que solo quiere una oportunidad para sacarse la cresta trabajando. Ellos se van a su casa tranquilos, con su sueldo depositado a fin de mes, mientras una se queda mirando el techo, pensando qué le va a decir a sus hijos cuando pregunten por qué no hay para el postre o por qué la mamá tiene esa cara de pena y rabia. Basta ya de esta farsa Si no van a contratar, no hagan perder el tiempo. Y si van a evaluar, que sea por lo que uno sabe hacer, no por un dibujo de mierda que no dice nada de quién soy yo.



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