Muy asustadinho
Les cuento mi vergüenza internacional en Río de Janeiro.
Fui de vacaciones y, como me creo choro, quise hacer el tour del teleférico que pasa por arriba de las favelas (el del Complexo do Alemão). Yo iba medio urgido, porque había visto muchas veces Ciudad de Dios y Tropa de Élite, así que iba con los ojos bien abiertos, pasándome rollos.
En una parte del trayecto, miro hacia abajo, a una azotea, y veo a tres tipos, sin polera, apuntando hacia la cabina del teleférico con unos tubos largos y negros.
Me bajó el pánico. Me tiré al suelo de la cabina gritando: '¡Cuidado! ¡Tienen lanzacohetes! ¡Al suelo concha...!', agarrando a mi polola para protegerla.
La gente en la cabina (había unos brasileños y una señora mayor) me miraron con cara de '¿y a este qué le pasa?'.
La señora, muy tranquila, me tocó el hombro y me dijo en portuñol: 'Amigo, levántese. No son armas. Están instalando la fibra óptica para el internet'.
Me paré rojo como un tomate, me sacudí el polvo y pasé el resto del viaje mirando mis zapatillas. Mi polola hizo como que no me conocía hasta que llegamos al hotel. Me sentí el turista más pavo del mundo.
