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Gran ambiente laboral

En el colegio donde yo trabajaba había un profe que, en el fondo, no era mala persona ni mal profesor. El tipo cumplía. El problema era otro: tenía el ego por las nubes. Se creía prácticamente Dios dentro del colegio.

La cosa es que él había hecho toda su vida ahí: entró en prekínder, salió de cuarto medio y después volvió como profesor. Entonces andaba con esa sensación de que el colegio era suyo, como si fuera parte del mobiliario. Caminaba como dueño de casa. Hablaba fuerte, se metía en conversaciones que no eran suyas y pasaba a llevar a los demás colegas por puras cosas chicas, del día a día, pero todo el tiempo.

No era que me diera envidia ni nada parecido, porque nunca lo pesqué ni lo ataqué. Yo iba a lo mío nomás. Pero igual era agotador, porque el compadre era súper avasallador, invasivo, siempre marcando territorio, como diciendo “yo soy de acá, ustedes no”.

Entre talla y talla, yo le decía el hijo pródigo del colegio, porque claro, se fue y volvió, pero volvió creyéndose intocable, como si por haber estado ahí toda la vida tuviera más derecho que el resto. Y al final, más que su pega como profe, lo que más se notaba era esa actitud pasada a caca que se hacía sentir en el ambiente.



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