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Un bonito regalo

A propósito de historias de oficina, me acordé de una de hace como 5 años que, para variar, sí fue bonita.

Me tocó de amiga secreta una compañera que lo estaba pasando pésimo. Se estaba separando y andaba súper corta de lucas, se le notaba en la cara la pena. El tope del regalo eran 5 lucas, lo típico para un chocolate o un tazón.

Pero yo sabía que a ella se le había echado a perder el hervidor en su casa y que estaba calentando agua en olla. Así que mandé las reglas al carajo, fui al súper y le compré un hervidor eléctrico bueno, bonito, y le metí unas cajas de té rico adentro.

El día de la entrega, me las arreglé para dejar el regalo en el montón sin que nadie me viera y sin tarjeta, solo con su nombre.

Cuando lo abrió, se puso a llorar. Preguntaba a cada rato '¿Quién fue? ¿Quién fue?', porque no podía creer que alguien le regalara algo útil que necesitaba tanto.

Yo me quedé callado en mi rincón, tomando bebida y haciéndome el leso. Nunca supo que fui yo, y hasta el día de hoy, creo que fue la mejor plata que he gastado en un regalo. A veces el secreto es la mejor parte.



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