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Nunca sabré...

Siempre supe que la confianza es frágil. Lo que nunca imaginé fue que se rompería por una pantalla olvidada en una sala compartida.

Una tarde de domingo, mientras él dormía la resaca de una noche que, según dijo, fue 'aburrida', encendí su computador buscando ver una serie juntos. WhatsApp Web estaba abierto. No lo estaba espiando, solo estaba ahí, como una caja fuerte mal cerrada.

Vi una conversación con su mejor amigo. Lo que leía no podía borrarse de mis ojos: 'Me la besé varias veces... Estaba buenísima. Al final se fue con otro, pero igual valió la pena'. Decía también que había sido en una salida 'improvisada' con un viejo amigo que volvió a la ciudad. Yo no sabía que había salido esa noche. A mí me dijo que iba al cumpleaños de su primo.

Lo confronté. Se quedó helado. Su primera reacción fue cerrar los ojos, como si al abrirlos el problema ya no existiera. Dijo que fue un error, que solo la besó porque ella lo buscó, que estaba borracho, que no pasó a mayores. Que 'ni siquiera sabía cómo se llamaba'. Lo dijo con esa voz culpable, pero todavía tratando de justificarse.

No le creí, pero tampoco lo dejé. Habíamos estado juntos casi una década. ¿Cómo se borra eso de un día para otro? Decidí quedarme, aunque algo en mí ya se había ido.

En los dos años siguientes cambió por completo. No volvió a salir sin mí. Eliminó a varios amigos de su vida. Instaló esa culpa como un altar al que rendía homenaje diario. Pero yo... yo no cambié para bien. Me volví más desconfiada. Lo miraba dormir y pensaba: '¿La habrás besado así?'. Me abrazaba y mi mente se iba a esa noche, a esa mujer sin nombre que estuvo en sus labios.

Una vez, encontré una foto vieja en su galería: una selfie con dos amigos en un bar. Entre ellos, una mujer de espaldas, pero con una chaqueta roja brillante. No sé por qué, pero esa imagen me enfermó. La chaqueta roja se convirtió en un símbolo. Soñé con ella. Imaginé mil veces su rostro.

Y entonces sucedió algo más. Hace unos meses, me escribió una mujer desconocida por Instagram. No tenía foto, pero me dijo: '¿Sabes realmente quién es tu pareja?' Le pregunté quién era, pero nunca respondió. Bloqueó su cuenta o la eliminó. Desde entonces, no dejo de pensar si hay cosas que nunca sabré, o si, incluso después de todo, aún me está mintiendo.

Hoy, me despierto con una certeza dolorosa: no es que no lo ame. Es que no puedo amar desde la herida. No confío. No olvido. Y lo peor... creo que nunca podré perdonar.



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