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El titulo correcto

Hola, son las tantas de la madrugada y recién llego de mi segundo día de trabajo en una empresa buena. Les cuento algo que me pasó, porque creo que muchos se pueden sentir identificados.

Yo estudié ingeniería en mantenimiento, y cuando me contrataron me dijeron que buscaban a alguien con título que pudiera apoyar en temas de mantenimiento programado y predictivo, cosas que el área tenía pendientes desde hace tiempo. Hasta ahí todo bien.

El primer día me presentaron al equipo. Éramos 10 personas, solo 3 hombres, y pensé: qué bacán, no siempre se ve tantas mujeres en un rubro tan industrial. Me presenté con toda la disposición de aprender y aportar, sin hablar de mi título ni de mis conocimientos. Pero luego mi jefe explicó delante de todos cuál sería mi rol, mi experiencia y mi misión dentro del equipo.

No dijeron nada... pero las miradas pesaban. Mi jefe aclaró que yo no venía a quitarle la pega a nadie, que este puesto hacía falta hace años. Igual sentí un nudo en la guata.

A una compañera de mi misma edad le encargaron enseñarme. Y sí, me enseña... pero de forma rápida, sin explicar, con códigos que solo ellos manejan. Si pregunto algo me dice “ya te lo expliqué, no lo repito”. Yo trato de no tomármelo personal porque sé que está cansada y estresada, pero igual es duro. Nadie puede aprender bien en apenas dos días, y hasta el mismo jefe me dijo que me iba a demorar un mes en agarrar todo.

Estoy pensando en hablar con él para que otra persona también me enseñe. No quiero dejar mal a mi compañera, sé que no es personal, que quizá solo está sobrecargada. Pero sí creo que enseñar es un acto de generosidad.

Por eso lo comparto: si alguna vez les toca enseñar a alguien nuevo, no sean pesados, no se guarden la información ni enseñen a la rápida. Todos tenemos algo que aportar y lo que hoy tú enseñas, mañana puede ser lo que alguien más te ayude a ti.



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