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Respuesta desde salud

Leí la confesión del hombre de ingeniería, y me sentí demasiado identificada. Yo soy mujer, tengo 38, y vengo de un liceo municipal donde con suerte había profes que hacían clases completas. No tuve preu, no tuve a nadie que me orientara. Igual logré entrar a estudiar Tecnología Médica en una universidad buena, de esas donde todos los demás venían de colegios privados o particulares con preparación tremenda.

El choque fue brutal. Yo no tenía idea de cómo estudiar. Donde ellos llegaban sabiendo biología, química, hasta inglés técnico, yo recién entendía lo básico. Reprobé ramos, atrasé mis años, lloraba porque sentía que era muy lenta. Pensé varias veces que me iban a echar.

Y ahora, cuando veo a mis internos —jovenes de 20, 21— salir antes de una clase de histología o quedarse pegados mirando el celular mientras el profe explica, me hierve la sangre. Quisiera decirles lo mismo: “esto es oro, lo que hoy no aprenden después no se recupera”.

Yo también me titulé, igual que el tipo de la otra historiia..., de pura porfiada. No porque me sobraran las armas, sino porque me costó tres veces más aprender lo mismo.

Cada vez que los veo aburridos en una clase, me acuerdo de mí misma rogando tener lo que ahora ellos botan. Y me da rabia. Mucha!



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