No era tan pesado...
Una temporada fui cortador en una viña en el Valle de Colchagua. El trabajo era rápido y en silencio, solo el ruido de las tijeras cortando racimos. El capataz tenía mal humor, y si te veía conversando te cambiaba de hilera.
Un día, en pleno calor, me pasó al lado y me dijo bajito: 'No te apures tanto que después no nos pagan la hora'. Nunca supe si me estaba cuidando o tratando de que no sobreprodujera, pero desde ese día me tomé las filas con calma. Aprendí que no siempre el que parece pesado lo es.
