La cafetería vacía
Conocí a C. en la cafetería del edificio el primer invierno que trabajé acá. Siempre pedía moka y se reía diciendo que 'algún día' me convencería de tomar algo que no fuera té negro.
Pasamos meses coincidiendo en pasillos, inventando excusas para alargar las conversaciones... hasta que un día, en una reunión, me di cuenta de que la estaba mirando demasiado y que me miraba de vuelta.
Nunca hablamos de 'nosotros' porque ella tenía pareja, y yo no me atreví a cruzar esa línea. Pero los días eran mejores cuando sabía que iba a verla.
Hace dos semanas, me enteré de que aceptó un trabajo en otra ciudad. El último día, bajé a la cafetería y ella ya no estaba. La mesa de la esquina estaba vacía, y la máquina de café seguía humeando. Desde entonces, no he vuelto a bajar en las tardes. No es lo mismo.
