El chistoso de la oficina
Nuestro jefe, muy orgulloso, nos presenta el nuevo organigrama que diseñó para 'mejorar la comunicación'. Proyecta la diapositiva. Era un laberinto de flechas, cajas y líneas punteadas que se cruzaban sin sentido. Mientras nos miraba esperando aplausos, en la sala solo había un silencio sepulcral.
De repente, desde el fondo de la sala, se escucha la voz de Felipe, el programador más viejo y cínico del equipo, que dijo bajito..., pero lo suficientemente alto para que todos lo oigamos: 'No lloren por mí, ya estoy muerto'.
La mitad de la sala tuvo que morderse el labio para no soltar una carcajada. La otra mitad, los más jóvenes, nos miraban sin entender.
Mi jefe, que obviamente no captó la referencia, sonrió y dijo: '¡Exacto! ¡Ese es el espíritu! ¡Morir y renacer con este nuevo sistema!'.
Felipe solo levantó su tazón de 'El Mejor Jefe del Mundo' (que se compró él mismo) y le guiñó un ojo...
