Mi gato mantequilla
Teletrabajo. Reunión por Zoom con el gerente general y todos los jefes. Tema ultra serio, revisión de presupuesto anual. Yo, con camisa y corbata de la cintura para arriba, y pantalones de pijama por abajo. Concentración máxima.
Estoy presentando mis diapositivas, hablando de proyecciones y KPIs, sintiéndome como un ejecutivo de Wall Street... De repente, mi gato, 'Mantequilla', un gordo anaranjado con cero respeto por el espacio personal, decide que el mejor lugar para tomar una siesta es mi teclado.
Intento sacarlo discretamente con una mano, sin dejar de hablar. Error... Mantequilla, ofendido por la interrupción de su descanso, se da vuelta y me muerde el dedo. Suelto un '¡AY, CONCH...' que retumbó en toda la videollamada.
Silencio sepulcral. Se me congeló la sangre. Veo las caras de todos los gerentes en la pantalla, mirándome con los ojos abiertos como platos.
Justo cuando pensaba que me iban a despedir por Zoom, el gerente general, un tipo que siempre parece que se tragó un palo de escoba, empieza a reírse a carcajadas.
'Tranquilo', me dice, mientras se seca una lágrima. 'Mi perro se comió mi almuerzo la semana pasada. Entiendo perfectamente su frustración'.
La reunión se relajó por completo. Al final, hasta me felicitaron por 'humanizar la llamada'... Mantequilla ahora duerme a mi lado. Creo que le debo un aumento. O por lo menos, un tarro de atún.
