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La enfermera fantasma

Trabajo en el archivo de un hospital público. Un subterráneo gigante, lleno de estanterías metálicas hasta el techo, con fichas médicas que datan desde que el hospital era un potrero. Es un laberinto frío, con luces de neón que parpadean y un silencio que te zumba en los oídos.
Obviamente, el lugar está lleno de leyendas. Que se escucha llorar a una guagua, que se aparece una enfermera antigua, lo típico. Mis compañeros más viejos le tienen un pánico atroz. Yo, que soy más escéptico, siempre los molesto.
Mi pega, a veces, es digitalizar fichas antiguas. Un trabajo latero que hago con mis audífonos puestos, escuchando música a todo chancho.
El otro día, estaba en eso, metido en un pasillo al fondo del archivo. Eran como las 6 de la tarde, ya no quedaba casi nadie. Tenía una playlist de rock bien potente, así que estaba en mi mundo.
De repente, siento que alguien me toca el hombro. Un toque firme, helado.
Salté de la silla y me saqué los audífonos de un tirón. Me di vuelta y no había nadie. El pasillo estaba vacío. El corazón se me salió por la boca. 'Ya está', pensé, 'me tocó a mí. Llegó la enfermera fantasma a retarme por escuchar a AC/DC'.
Me quedé quieto, en silencio, tratando de escuchar algo. Nada.
Con el pulso a mil, me volví a sentar, pero ya sin audífonos. Estaba totalmente sugestionado, mirando para todos lados. Después de un minuto, decidí que era un calambre o una tontera mía.
Justo cuando me iba a poner los audífonos de nuevo, siento el toque en el hombro otra vez. Mismo lado, misma sensación fría.
Esta vez no salté. Me quedé tieso, mirando al frente, y con una voz que me salió como un susurro, dije: 'Ya, filo... ¿qué ficha necesita?'.
Y en ese instante, escucho una voz rasposa, muy cerca de mi oído, que me dice:
'Tenís un confort pegado en el zapato'.
Giré la cabeza como en el exorcista. Era don Carlos, el auxiliar de aseo más viejo del hospital. Un caballero que se mueve más sigiloso que un ninja y que, para más remate, había estado trapeando el piso con agua fría.
El susto se me convirtió en un ataque de risa nerviosa. Don Carlos me miraba sin entender, mientras yo intentaba explicarle que casi me mata del susto.
Él solo se encogió de hombros y me dijo: 'Si le sirve de consuelo, la enfermera se aparece en el pasillo de al lado. A esta hora anda buscando los historiales de pediatría'.
Y se fue, dejando un rastro de piso mojado.
Creo que prefiero encontrarme con la enfermera fantasma antes que con don Carlos de nuevo. Por lo menos ella te avisa con un llanto.



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