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Sufriendo en silencio

No sé si escribo esto para desahogarme o para advertir a otros. Quizás un poco de ambas.
Llevaba 5 años en una empresa de consultoría. Amaba mi pega. De verdad. Me sentía valorado, era bueno en lo que hacía y tenía un futuro. Hasta que llegó un nuevo gerente a nuestra área.
Desde el primer día supe que no le gustaba. No fue algo que dijo, fue cómo me miraba. Cómo ignoraba mis ideas en las reuniones para, una semana después, presentarlas como suyas. Cómo me asignaba los proyectos imposibles, esos que todos sabían que estaban destinados a fracasar, para después usar los resultados en mi contra en las evaluaciones de desempeño.
Empezó el acoso sutil, el que es imposible de probar. Me excluía de las cadenas de correos importantes. Organizaba 'reuniones de equipo' a las que convenientemente 'se olvidaba' de invitarme. Mis compañeros, por miedo a ser los siguientes, empezaron a tomar distancia. El almuerzo se convirtió en la hora más solitaria del día.
Empecé a enfermar. Primero fue insomnio. Luego, un nudo constante en el estómago. Después vinieron las crisis de pánico. Me pasaba en el auto, camino a la oficina. Tenía que orillarme a la carretera porque no podía respirar, con el corazón a mil por hora, convencido de que me iba a morir.
Fui al médico. Diagnóstico: trastorno de ansiedad severo y depresión reactiva al estrés laboral. Me dio una licencia por 30 días. Por primera vez en meses, sentí un poco de alivio. Ingenuo de mí.
A la semana, Recursos Humanos me llama. Me informan que la empresa necesita mi puesto y que, si la licencia se alarga, 'tendrán que tomar decisiones'. Al mismo tiempo, la Isapre me rechaza la licencia. La empresa, a través de la mutual, apeló diciendo que mi condición era 'de origen común' y no laboral.
Ahí empezó el verdadero infierno.
Ahora estoy en una nebulosa legal. Sin sueldo, porque la licencia está rechazada. Sin poder trabajar, porque estoy medicado y psicológicamente destrozado. Sin poder renunciar, porque perdería cualquier derecho a indemnización. La empresa me llama cada dos días para 'saber cuándo vuelvo', una forma de presionar para que renuncie.
Mis ahorros se están acabando. Mi siquiatra me dice que volver a ese ambiente sería devastador para mi salud. Mi abogado dice que un juicio por acoso es largo, caro y muy difícil de ganar.
Ese hombre, con su poder, no solo me quitó el trabajo que amaba. Me quitó la confianza, la salud y la capacidad de proveer para mi familia. Duermo 2 horas por noche y paso el día mirando el techo, preguntándome en qué momento mi vida se convirtió en esto.
No hay remate gracioso. No hay venganza. Solo la realidad de que a veces el sistema está diseñado para que te rompas en silencio. Tengan cuidado. Ninguna pega vale su salud mental. Nadie.



No te reprimas. Completamente anónimo.

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