Un pequeño gesto
Mi papá falleció un lunes. El jueves ya estaba de vuelta en la oficina porque no podía tomarme más días.
Estaba sentada frente al computador, con la mirada perdida, sintiendo cómo se me acumulaba un nudo en la garganta. No podía concentrarme.
Mi jefa, conocida por ser una mujer de hierro que nunca muestra una emoción, se acercó a mi puesto. Pensé que venía a retarme por mi bajo rendimiento.
En silencio, dejó una taza de té caliente sobre mi escritorio.
Me miró a los ojos y con una voz increíblemente suave me dijo: 'Tómate un respiro. Lo siento mucho'.
Se dio media vuelta y se fue, como si nada hubiera pasado.
Fue el gesto más humano que he recibido en este lugar. Me quedé llorando en silencio, pero esta vez, sentí un poco de alivio.
