No siempre es reconocido
Quiero confesar que hace ya dos años ingresé a trabajar en el sector público, en un área de atención a público, después de más de 15 años de experiencia en grandes empresas del sector privado. Al llegar, me encontré con una realidad que es un secreto a voces: muchos funcionarios llenan sus escritorios de carpetas solo para aparentar que trabajan, mientras en realidad pasan la mayor parte del día comprando ropa, viendo películas o incluso durmiendo.
Todos los días recibimos una gran cantidad de reclamos, pero la mayoría quedan en nada, ya que los jefes directos tampoco les prestan atención. A mí me encanta trabajar para ayudar a la comunidad, pero la verdad es que me frustra ver cómo, a pesar de mis ganas de hacer bien mi trabajo, muchas veces son mis propios compañeros quienes dificultan que los trámites —que podrían resolverse en minutos— terminen demorando varios días.
Cada año se realiza una evaluación de desempeño. En mi caso, me evaluaron con una nota regular con peligro de perder mi trabajo, porque en este proceso también influyen los sindicatos, que suelen estar dirigidos por quienes menos trabajan y, paradójicamente, obtienen las mejores calificaciones solo por que llevan mas de 20 años flojeando. Es frustrante ver cómo el esfuerzo y la dedicación no siempre son reconocidos, mientras que quienes menos aportan son premiados.
