El tiempo es un espejo
Hace unos meses, la vida me pegó un remezón. Me dio un ACV... La saqué barata, me dijo el doctor, pero me dejó un recuerdito: la mitad izquierda de la cara un poco caída, como si me estuviera riendo a medias, y el brazo del mismo lado con la fuerza de un niño. El doctor fue claro: 'A moverse... terapia todos los días'.
Y aquí estoy. Todos los días, en el gimnasio, rodeado de gente que tiene la edad de mis nietos. Mi gran batalla es levantar una mancuerna de un kilo, diez veces. Me cuesta un mundo...
Al principio me sentía un poco fuera de lugar, un viejo tratando de arreglar sus pifias en medio de la juventud. Pero ahora, me entretiene. Porque me di cuenta de una cosa: los jóvenes no cambian nunca.
Veo a los mas jóvenes... con esos audífonos gigantes, mirándose el brazo en el espejo después de levantar una pesa. Y es la misma cara de concentración y orgullo que ponía un amigo allá en el año 75, cuando se creía el más fuerte de la cuadra. Escucho a las chiquillas hablar de sus planes para el fin de semana, con esa energía como si se fueran a comer el mundo, y es escuchar a mi propia señora y sus amigas hace cincuenta años.
Ellos me miran y ven a un abuelito. No tienen idea que yo también tuve 20 años, que también creí que mis problemas eran los más importantes del universo y que la vida era una fiesta eterna...
Se creen los dueños del cuento. Y no es una crítica, para nada. Es la ley de la vida. No se dan cuenta que son solo un eslabón más en una cadena muy larga. Antes que ellos, estuvimos nosotros con nuestra música y nuestras ínfulas. Y después vendrán otros, que se reirán de sus peinados y de la música que escuchan ahora y en esa repetición, hay algo que me da una paz tremenda...
Ayer, después de mucho esfuerzo, logré hacer mis diez repeticiones. Un chico que estaba al lado, levantando un peso que yo no movería ni con una grúa, se dio vuelta y me dijo '¡Vamos, tata, que se puede!'. Me sonrió.
Le devolví la sonrisa. La mía, un poco chueca, un poco tiesa. Pero fue una sonrisa honesta. Él no lo sabe, pero en este gimnasio, los dos estamos peleando nuestras propias batallas. Y la mía, a esta edad, es simplemente seguir siendo un eslabón.
