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Cooperando con los nuevos

Quiero confesar que ya no tengo paciencia con la gente nueva.

Hubo una época en mi vida en la que dejaba de hacer lo que estaba haciendo para ayudar al compañero recién llegado. Lo hice tantas veces, que ni siquiera recuerdo a quiénes ayudé en su momento.

Recuerdo el año 2018, cuando tuve la oportunidad de ascender en mi primer trabajo profesional. Llegué al área operativa del banco y conocí gente muy genial, hasta que llegó una practicante. Nadie me pidió que la ayudara, pero yo, de buena fe, lo hice. Le di consejos que le permitieron quedarse en el cargo y ganarse el favor de la jefa, quien —para mi mala suerte— prefería trabajar solo con mujeres.

Con el tiempo, esta persona, solo porque le caí mal, generó un ambiente absurdo en la oficina. Sembró intrigas en mi contra y conspiró hasta el punto en que terminé cayéndole mal a la jefa. Después de eso, mi desvinculación fue inminente. Lo más irónico es que todo comenzó porque le sugerí que era recomendable llegar antes de la hora al trabajo.

Desde entonces, nunca más volví a ayudar a nadie. Y ahora que estoy en un nuevo trabajo, sigo con la misma política. Así que, cuando se encuentren con alguien que no coopera con los nuevos, antes de criticarlo, pregúntense qué habrá vivido esa persona para actuar así...



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