Como hermana, una ya ha visto cosas. Pero lo de él... eso ya era una consultora de recursos humanos disfrazada de romance.
Porque claro, a todas les hacía lo mismo: las presentaba a la familia como quien presenta un CV bonito, pero sin intención de contratarlas realmente.
Y no cualquier presentación, no, no. Él armaba el show completo.
La primera vez llegó una chiquilla simpatiquísima, con su charquicán vegetariano bajo el brazo, lista para caer bien. Y él, ufano, dijo:
—“Ella es especial.”
Traducción: “Está en período de prueba”.
Yo me esmeré. Le pregunté cosas con interés genuino. Mi mamá también. Hasta el perro se encariñó.
¿Y qué pasó?
Tres semanas después, ya había otra.
Otra chica, otro plato, otra supuesta ‘cercana a algo serio’.
Nosotras, ya con experiencia, adoptamos protocolo:
—“No le aprendas el nombre hasta que pase el segundo mes.”
Como si fuera un nuevo pasante.
Pero la gota fue la tercera.
Una tarde, llegó una chica linda, nerviosa, con torta de zanahoria (hecha por ella misma) y hasta regalo para mi mamá.
Mi hermano la recibió con esa sonrisa suya de “estoy en control”, y nos susurró en la cocina:
—“Ténganle paciencia, es la buena esta vez.”
Yo, que ya tenía más cicatrices emocionales por culpa de sus relaciones fallidas que él mismo, la observé con compasión.
Y ahí empieza el circo.
Primero, la presentó como “una gran amiga”,
después, como “alguien con quien se está conociendo”
y finalmente, cuando la pobre ya había lavado los platos después del almuerzo y reído de los chistes de mi papá, como “una partner muy bacán que me apaña en todo”.
Yo lo miraba y pensaba: ¿Partner? ¿Es Tinder o LinkedIn?
La niña, entre confundida y comprometida con su papel, seguía sonriendo.
Hasta que llegó lo peor.
Un primo borracho, de esos que no filtran, dice:
—“¿Y esta es la de la semana pasada o una nueva?”
Game over.
Ella se fue al baño. Volvió con la dignidad como si viniera saliendo del juzgado de familia.
Terminó el té. Se despidió cordial.
Y dos días después, ya no estaba.
Yo le dije a mi hermano:
—“¿Tú sabes que lo tuyo es como ponerle el logo de la empresa a una practicante que no vas a contratar?”
Y él se rió.
RISA.
Como si el trauma ajeno fuera anécdota para su historial.
Así que ahora hago lo siguiente:
Cuando me presenta a alguna, pocas veces las miro...se que debe ser super pesao pa ellas pero lo hago a propósito.soy digamos...UNA RED FLAG...a ver si se espantan antes de pasar por el lecho...
Y a veces pienso en advertirles. Pero no.
Porque cada una necesita su propio proceso de selección para entender que el puesto nunca estuvo vacante.
